El nivel real de nuestra selección de fútbol: Ángel Dorrego

El nivel real de nuestra selección de fútbol: Ángel Dorrego

El martes pasado se celebró en el Estados Unidos un juego de práctica entre la selección de fútbol y su homólogo argentino. Aunque la opinión de los programas de análisis deportivos se decantaba por nuestro equipo nacional debido a las notorias ausencias del equipo sudamericano, incluyendo a la súper estrella Lionel Messi, el marcador terminó en un escandaloso 4-0 a favor de los albicelestes. Las declaraciones del director técnico argentino de la escuadra mexicana, Gerardo “El Tata” Martino, fueron contundentes; ya que aceptó que los partidos con rivales del nivel de sus paisanos desnuda las fallas de un equipo, y declaró que esto nos mostraba el nivel real en que se encuentra el representativo nacional en el momento. Palabras duras y tal vez desilusionantes, pero que el único pecado que cometen es el de la honestidad brutal.

La mayor parte de los análisis de este enfrentamiento abordan detalles específicos del partido, las equivocaciones individuales y tácticas que se cometieron, además de someros análisis de la estructura del, sin duda, deporte más popular en nuestro país. A mí me parece que la falla se encuentra precisamente ahí. Permítame explicarme. Me parece que el fútbol de nuestro país a nivel de selecciones ya ha encontrado su límite desde hace mucho tiempo y no ha podido dar saltos de calidad para superarlo, por la sencilla razón de que no se ha hecho mucho para ello. Lo que si se ha hecho han sido enormes campañas publicitarias para mantener la expectativa viva. Nuestro problema real es que nos las arreglamos para tener expectativas sin nada diferente a intentos anteriores para sustentarlas. En la estupenda serie alemana de streaming llamada Dark, uno de los personajes sostiene que la decepción es la suma de una expectativa que se ve alcanzada por la realidad, y sugiere de paso que no se hagan expectativas, sino prospectivas, y se agradezca si las cosas salen mejor de lo que esperamos. La primera parte de este razonamiento es nuestro caso.

El fútbol es el deporte que mejor ha explotado a nivel mundial a los nacionalismos como negocio. En casi todos los países se muestra patriotismo utilizando la camiseta de la selección de fútbol de esa nación. En México, el producto selección nacional ha sido el más rentable de nuestro fútbol, a tal grado que hace un cuarto de siglo sostenía a una liga que permanentemente se encontraba en números rojos. Hasta que llegaron a administrarlo un grupo de personas con estupendo y probado trabajo en las áreas de las finanzas y el marketing. Lograron organizar las cosas de tal modo que la liga se volvió rentable en sí misma y para los clubes; y supieron vender a la selección nacional, su mejor producto, de tal manera que tanto los ingresos como las inversiones crecieron hasta convertirse en un platillo muy jugoso para toda la cadena productiva que participa del negocio. Magnífico trabajo hecho por personas que muchas veces parece que no entienden ni les importa que la pelota sea esférica.

¿Dónde queda lo deportivo? Oculto detrás de un marketing exitoso y un problema serio de estancamiento en cuanto a las formas y las estructuras. Nuestro fútbol ha mejorado, pero el de todos los demás también. En el mundial de 1994, con un fútbol en la prehistoria de la globalización, un equipo nacional compuesto de elementos de la liga local excepto por un par de casos, se logró llegar sólo a la primera ronda eliminatoria, los octavos de final. Esa historia se ha repetido en las siguientes seis ocasiones. Básicamente porque no mucho ha cambiado. O tal vez sí, pero todo indica que los cambios, cuando no han sido esporádicos han sido meramente estéticos, tan sólo de forma sin transgredir un fondo que tiene en una comodidad anodina a los barones del fútbol. Y sin embargo, esperamos que el siguiente ciclo mundialista sea el bueno porque ya se cambió una cosa, que suele ser el director técnico del equipo, y porque nos inundan con campañas publicitarias y coberturas periodísticas que hacen que nuestra debilidad por este deporte, aunado a un nacionalismo muy identificado con una camiseta, nos termine jugando la mala pasada de volver a creer.

Entonces, el problema básico de estancamiento de nuestro fútbol, que se ve reflejado en los resultados de éste a nivel de selección, se deriva de que la gente que lo dirige lo ve mucho como negocio y poco como deporte. Y no es que nos engañemos, si el fútbol es el deporte más rentable del orbe se debe a que se ha sabido colocar como un espectáculo que representa el entretenimiento de millones de personas a nivel global. El futbol es lo que es hoy gracias a que ha logrado ser un negocio rentable. Pero como en cualquier negocio, no se puede vivir todo el tiempo de la publicidad, y en particular de las campañas de marketing. O por lo menos no para siempre. Si la calidad del producto no se corresponde con los anuncios que hacen de ella, la caída de éste será estrepitosa cuando llegue. Afortunadamente para el futbol mexicano, ese momento se ve todavía lejano; pero desgraciadamente el momento de hacer cambios verdaderos en la estructura se ve aún más distante.

Tal vez no hemos tenido grandes modificaciones en nuestro estancado esquema debido a que no hemos vivido una severa crisis como las que han vivido otras selecciones, como el trauma del fracaso de no haber asistido a una copa del mundo. Y hemos estado cerca, como en la clasificación al mundial de Brasil 2014, al cual terminamos por asistir de una manera tan inverosímil que por lo menos se merece una sospecha. Pero parece que eso es lo que se necesita para cambiar las cosas que van minando un fútbol que sea un producto de auténtica calidad, en donde los talentos jóvenes no vean sesgada su carrera por falta de cohechos a entrenadores; donde el mercado de contrataciones no se vea dominado por los intereses de promotores que mandan sobre directores deportivos y técnicos, minando la colocación por mérito y capacidad en su mercado laboral; en donde la prensa deportiva no se mezcle con tratar de vender un espectáculo llegando a grados de hacer mesas de análisis con todo y camiseta puesta; porque no se busque en tierras foráneas a futbolistas que cumplan un rango de calidad, pero cobren más barato; porque no le cambien los colores al otrora tricolor porque se necesita vender camisetas nuevas; donde los clubes no compren sus ascensos y permanencias en la liga; o que el fútbol no sea el pretexto de empresarios locales para desangrar las arcas públicas con la justificación de que se le da notoriedad a una ciudad.

Y como en todo, si se quiere llegar a una meta se tiene que hacer un plan para lograrlo. En este caso, un plan meramente deportivo, y que los factores de negocio se integren después para hacerlo rentable. No al revés, que hemos visto pruebas de sobra de que no funciona. No se puede lograr si las mejoras vienen a cuentagotas y aisladas, por ejemplo, hace dos décadas nos dijeron que cuando tuviéramos un equipo con jugadores fogueados en el competitivo fútbol europeo tendríamos más posibilidades de progresar. Pero eso ya pasó y la selección sigue igual, porque esos jugadores están más preocupados porque viajan a jugar y los ponen a hacer comerciales sin pagarles nada extra por ello. Muy a la usanza de nuestro país, resolvimos un problema creando dos nuevos. Por lo menos los argentinos, como otros seleccionados nacionales, parecen orgullosos del sólo hecho de representar a su país. Y cómo no, si les da la alegría de imponerse a otra nación, por lo menos en lo que el fútbol se refiere. Nosotros mientras les llenamos las manos de dinero a un grupo de personas que nos siguen vendiendo nuestros próximos productos engordantes, mientras vemos cómo otros hacen mucho más con mucho menos, porque primero les preocupa el fútbol. Y por eso estoy de acuerdo con Martino, hemos visto nuestro nivel real en el fútbol.

Educación

Por Ángel Dorrego

Analista, consultor y asesor político. Especializado en temas de seguridad y protección civil. Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México, Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales también por la UNAM. Cuenta con experiencia como asesor de evaluación educativa en México y el extranjero, funcionario público de protección civil y consultor para iniciativas legislativas.
Correo para el público: adorregor@gmail.com

Foto II Calcia