Escucho a todos, pero decido yo

En ellos escucho y me dejo escuchar, aunque al final siempre decido yo

Hay canciones que dicen que la vida no puede entenderse sin un buen café entre amigos, quizá porque alrededor de ellos surgen las mejores conversaciones y los consejos más útiles. De hecho, cuando tengo que tomar una decisión importante, esos cafés son pura energía: en ellos escucho y me dejo escuchar, aunque al final siempre decido yo.

Y quien dice un café dice cualquier otro instante de cercanía a los demás, ya que el contacto con las relaciones que tenemos beneficia seriamente la salud emocional y nos ayuda a manejar situaciones complicadas a las que hemos de enfrentarnos en el día a día.

En este sentido, permitirle a nuestro “yo” interior expresar aquello que siente a las personas de su círculo social más apreciado le aporta diferentes ventajas, sobre todo en circunstancias de desasosiego en las que se siente verdaderamente confuso: son muchos los caminos difíciles que se abren a nuestro paso y caminar acompañado es ganar en estabilidad.

Escuchar ayudar a ver lo que no vemos

La primera gran ventaja de ser escuchado es, sin duda, tener la posibilidad de escuchar otra perspectiva: los problemas nos agobian, nos presionan y nos cargan de responsabilidad, por lo que una mirada que no se sienta como la nuestra puede contribuir a despejar incógnitas al respecto.

Imagina que estás trabajando actualmente y que, en cierta medida, te sientes a gusto con lo que haces. Sin embargo, hay algunas razones por las que lo abandonarías, como estar más cerca de tu familia. En esa situación, te ofrecen otro trabajo que nada tiene que ver con tu dominio pero te permitiría estar al lado de los tuyos. ¿Qué decisión tomas?

Es muy complicado hallarse en el centro de todo ello y comprender lo que supone una u otra decisión. Por esa razón acudimos a aquellos que siempre están y que decimos de ellos que saben curar: van a darnos su perspectiva, nos dejarán ver otros pros y otras contras que desde una posición particular no vemos y, al final, decidiremos nosotros.

En la decisión individual también hay fuerza ajena

En toda decisión cabe la probabilidad de la equivocación -que no del error-, dado que arriesgar a un cambio supone también poder perder algo y eso es una condición que se nos obliga a aceptar. Consecuentemente, aquí está la segunda gran ventaja: cuanto más nublados nos hace estar un problema, más necesitaremos la fuerza y la sabiduría ajena.

¿Cuántas veces hemos querido que alguien nos escuchara cuando en el fondo solo buscábamos la fuerza que nos faltaba para tomar una decisión? Decido yo, sí, pero a veces necesito un empujón, un abrazo, unas palabras de apoyo: pensar que pase lo que pase habrá alguien más allá.

“Quien más pierde por el hecho de ser incapaz de escuchar a los otros es uno mismo”

-Jorge González Moore-

Esto es, en una decisión individual también hay fuerza ajena porque sus consejos cariñosos nos hacen recordar que por encima de todo nos quieren y solo tratan de ayudarnos a conseguir lo mejor para nosotros.

Decido yo porque los resultados son para mí

Lo cierto es que el trasfondo de la premisa “escucho a todos, pero yo decido” es una realidad en la que las decisiones de la vida de uno mismo pueden depender de muchas personas, pero sus consecuencias recaen únicamente en nosotros.

Es absolutamente beneficioso, como hemos afirmado, dejar que los demás nos aporten su punto de vista sobre las opciones, pero somos dueños exclusivos de los actos que llevemos a cabo: nadie se responsabilizará de algo que solo te repercute a ti, nadie asumirá equivocaciones de tus decisiones y nadie cargará con el peso del camino elegido.

“Porque nadie puede saber por ti. Nadie puede crecer por ti. Nadie puede buscar por ti. Nadie puede hacer por ti lo que tú mismo debes hacer.

La existencia no admite representantes”

-Jorge Bucay-

Así que, teniendo en cuenta esto, no te niegues a escuchar a pesar de que no estés de acuerdo con lo que te digan o llegues a pensar que no son opiniones hechas con bondad. Es bueno abrir la mente a esas otras miradas, siempre y cuando seas capaz de no perder la tuya por completo: tú sabes qué necesitas y cómo lo necesitas, solo tú puedes vivir a tu manera, decidir por ti, actuar por ti.

La mente es maravillosa