La ola de cooperación que México despreció

 

La ola de cooperación que México despreció

Por Ángel Dorrego.- El pasado 3 de noviembre se realizaron las elecciones para presidente de los Estados Unidos de América (EUA). El ganador resultó ser Joe Biden del Partido Demócrata, quien obtuvo los votos necesarios del Colegio Electoral por encima del actual presidente y candidato por el Partido Republicano, Donald Trump. Éste sería el fin de la nota si uno de los contendientes no fuera Trump, que ha demostrado que, cuando pierde, arrebata. Por lo tanto, ha tratado de detener los conteos acusando que la elección ha sido fraudulenta. Fiel a sus hábitos, no ha presentado ninguna prueba consistente; pero lo que sí ha hecho es continuar la zozobra en el panorama geopolítico global con la desestabilización de un proceso que debería ser terso en una democracia avanzada, la más poderosa del mundo, por cierto. Es por esto que varios países han optado por enviar sus congratulaciones al presidente electo Biden, mientras que otros han guardado silencio hasta que termine el proceso electoral. México se ha inscrito en el segundo grupo. Pero, ¿por qué y con qué consecuencias?

Primero hay que ver como se encuentra el panorama geopolítico de forma somera, pero fundamental para entender esto. El gobierno de Trump fue un agente desestabilizador de los delicados equilibrios globales que evitan que nos encaminemos hacia graves catástrofes. Sólo no peleó con Rusia, rival histórico de los EUA. Echó para atrás los acuerdos de su antecesor, Barack Obama, con Cuba; rompió el acuerdo nuclear con Irán; otorgó apoyo irrestricto a Israel en su conflicto con Palestina; se metió en una disputa comercial con China; y la lista sigue. Por lo tanto, para muchos de los aliados tradicionales de los EUA, como los miembros de Unión Europea (UE), Gran Bretaña y Canadá; el regreso de un político al que conocieron como vicepresidente significa una oportunidad de reconstruir los puentes dinamitados con el fin de que haya espacio para volver a cooperar en pro de mantener el espacio global libre de conflictos inminentes.

Es por esto que, terminada la etapa de definición de un ganador de la elección presidencial, varios líderes mundiales relevantes felicitaron a Biden. Vale la pena decir que en los procesos electorales estadounidenses se da el proceso de votación, se cuentan las boletas en cada estado, se da el resultado ya que la tendencia es irreversible, se suman los votos correspondientes en el Colegio Electoral, se declara ganador a quien haya rebasado los 270 votos, y luego se termina la demás tramitología. No tienen un instituto para organizar los comicios evitando que los partidos políticos hagan trampa descaradamente, porque no lo habían necesitado. Por lo tanto, Biden es presidente electo hasta que el poder judicial estadounidense determine que el equipo de Trump ha presentado indicios suficientes de fraude electoral como para iniciar un proceso; pero, hasta el momento, no le han aceptado ni las demandas por falta de sustento.

Entonces ha habido dos tendencias a estos acontecimientos en la arena internacional. El primer grupo lo componen los países que decidieron felicitar el presidente electo de EUA, al mismo tiempo que le recordaban los lazos de cooperación que los unen, así como la voluntad de trabajar juntos. Su interés geopolítico radica en que EUA regrese a políticas multilateralistas que permitan la participación consensuada de distintos actores en la búsqueda de soluciones políticas a los diversos problemas del escenario global, estabilizando conflictos latentes que tienen daños colaterales impredecibles para muchos de ellos. Así que Boris Johnson (Inglaterra), Pedro Sánchez (España), Emmanuel Macron (Francia) y Justin Trudeau (Canadá), por mencionar algunos, decidieron dar un espaldarazo al presidente con el que podrían recuperar el funcionamiento de los organismos de cooperación internacional. Por el otro lado, países rivales se mostraron más cautos, ya que el cambio de gobierno les implica nuevas dinámicas, sin que esto incluya la cooperación. Así que Rusia y China, por ejemplo, han decidido esperar. Ya nos dirán los especialistas en inteligencia, en el futuro, si lo hicieron porque unos EUA inestables les son más cómodos o como medida de presión. México fue de los que no felicitó.

El razonamiento del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, al respecto, es que él no piensa pronunciarse hasta que haya un ganador definitivo, pues sostiene que fue víctima de un fraude electoral en 2006, y que fue tácitamente avalado en la comunidad internacional al felicitar a su rival. O sea, lo está pensando en una lógica de congruencia personal con respecto a su experiencia. Además, no es un secreto el entendimiento que tuvo con Trump, al que sólo le ha proferido palabras amables en público. Así que lo correcto desde el punto de vista de la integridad moral es no reconocer el resultado hasta que las autoridades de EUA lleguen a la última instancia del fallo definitivo. Pero López Obrador es el jefe del estado mexicano y, como tal, representa a nuestro país cada que se manifiesta u omite hacerlo. Congruente con sus convicciones y su relación con Trump, ha ignorado la ola de intenciones de cooperación internacional a nombre de México. Ése ha sido el primer paso en nuestra relación con la nueva administración de los EUA.

El debate generado debido a este hecho se ha centrado en definir las consecuencias de esta actitud y las perspectivas en las que nos pone ante el cambio de gobierno del país con el que, queramos o no, tenemos la relación más estrecha. En este caso, creo que es más importante señalar que se están haciendo cálculos incorrectos: se está decidiendo por la perspectiva parroquial que tiene López Obrador de la política internacional, en donde cree que sus decisiones son soberanas y no tienen repercusiones en el ámbito global; en vez de decidir con respecto a los intereses geopolíticos del país, basados en nuestros problemas actuales, así como una agenda de desarrollo, cosas que van mucho más allá del ego materializado en moral. El gobierno mexicano puede elegir lo que desee en este tema. Pero las decisiones hacen que las coyunturas cambien de sentido con respecto a las acciones que se tomen en ellas. Es obligatorio saber esto, para que después no nos hagamos los sorprendidos por la falta de prestancia de nuestros socios para dialogar y cooperar. Despreciamos esta ola, pero la conciencia del presidente está tranquila. Bien por él.

México

Por Ángel Dorrego

Analista, consultor y asesor político. Especializado en temas de seguridad y protección civil. Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México, Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales también por la UNAM. Cuenta con experiencia como asesor de evaluación educativa en México y el extranjero, funcionario público de protección civil y consultor para iniciativas legislativas.

Twitter: @AngelDorrego

Correo para el público: adorregor@gmail.com

 

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