Ni un sólo feminista en la política mexicana

Ni un sólo feminista en la política mexicana

Por Ángel Dorrego.- El viernes se vio un estupendo performance feminista realizado en el Zócalo de la Ciudad de México. Miles de mujeres interpretaron “Un Violador en tu Camino”, original del colectivo #LasTesis. El mismo cántico coreografiado también se pudo ver ese mismo día en otras ciudades de México, como Morelia; así como en lugares tan distintos del planeta como Chile, Francia, Alemania, Colombia y España. Esta presentación es un magnífico cántico de batalla para visibilizar uno de los asuntos más penosos y soterrados de nuestra cultura: el machismo. O como lo dice la letra que interpretaron miles a una sola voz, el patriarcado. Y les sobran motivos para gritarlo a todo pulmón a una sociedad que les entrega justificaciones de los abusos de los cuales son víctimas y a una clase política que parece indiferente ante el atentado a los derechos más básicos de la mitad de la humanidad.

Me parece importante destacar que los colectivos que claman por la concreción y auténtico respecto de los derechos de las mujeres han entendido dónde se encuentra el origen que provoca que los abusadores siempre encuentren justificaciones tanto como las autoridades encuentran pretextos. Es nuestra cultura. Es algo que está diseminado en el diseño de nuestras sociedades, por lo que sólo han obtenido paliativos para actitudes que se siguen reproduciendo día con día. Y repito algunas de ellas sólo para dejar base de lo que es evidente, ya que en México cada día mueren diez mujeres porque no quisieron obedecer los dictados de un hombre. Porque no quisieron andar o sostener relaciones sexuales con un individuo, porque anunciaron que abandonarían a sus parejas o porque se negaron a acatar la voluntad de quien les trata como si fuesen de su propiedad. Muchas otras serán golpeadas y torturadas a manera de reprimenda por las mismas actitudes. Si revisa usted los motivos de llamado a líneas de emergencia policiaca en su ciudad, el primer lugar será violencia doméstica. No importa en qué lugar viva usted. Y ni hablar de las que serán violadas mientras hay quien sigue justificando que de alguna manera lo provocaron. Y una sociedad donde todavía hay muchos que se unen para hacer apologías de los victimarios.
Ver una representación artística como modo de protesta las saca del ridículo debate en el cual cada que se manifiestan hay gente más preocupada por la pintura en las paredes que por la justicia para las víctimas. O de que las autoridades generen mecanismos que disuadan de actitudes agresivas hacia la mujer, empezando por el pusilánime que se cree en derecho de hacerles insinuaciones sexuales en plena calle por el sólo hecho de que aparecieran ante su vista; pasando por el abusivo que golpea a quien es inferior en fuerza, peso y estatura; para llegar al cobarde que prefiere asesinar que vivir con el escarnio de haber sido abandonado debido a su lamentable actitud. Así, tenemos a un colectivo de personas luchando los derechos que por ley les corresponden, combatiendo las taras culturales que las oprimen, con capacidad de organización y ganas de movilizarse, y apoyadas en el andamiaje institucional de la vida política de nuestro país por absolutamente nadie.

Cuando se revisa dentro de la política mexicana, encontraremos que, entre las mujeres dedicadas a la política, las que apoyan el empoderamiento femenino y la protección de sus derechos por la adaptación institucional a combatir los atrasos culturales que conllevan actitudes de abuso son más comúnmente la excepción que la regla. Si bien hay pocas mujeres feministas dentro de la vida institucional de nuestra arena pública, lo que sí tenemos son mujeres que se comportan como el más intolerante de los machos o que dicen apoyar a las mujeres, pero que siguen reproduciendo en cada actitud y toma de decisión los modelos que devienen en desventajas para un desarrollo de las potencialidades femeninas en el mismo nivel en que a los hombres se les permite. En el primer grupo hemos visto legisladoras locales hacer propuestas vergonzantes como limitarles las horas y lugares de circulación, porque para ellas ir a una reunión y beber alcohol parece suficiente justificación para ser víctima de abuso sexual. En el mismo sentido, más de una ha tratado de limitar sus posibilidades de vestimenta, pues si un hombre las ve con algo que se considere provocativo, el mamífero irracional será incapaz de controlar sus instintos reproductivos, y entonces lo que pase será culpa de ellas. “Para qué los provocan”, dirán. Por el lado de las que dicen apoyar a las mujeres, dichas ayudas suelen estar compuestas por programas que apoyan los roles de género “tradicionales”, o sea, machistas. Las capacitaran para que tengan talleres de costura, cocinas y labores que no descuiden la crianza de los hijos, porque nadie le exige a un hombre que se haga cargo en el mismo nivel que una mujer del cuidado de los infantes.

Mientras tanto, los políticos de género masculino dirán siempre que apoyan a las mujeres, aunque ante los primeros desacuerdos con una fémina se refieran a ella como una sexoservidora ninfómana. O algunos dirán que apoyan la equidad de género, pero sin caer en los excesos. ¿Cuáles son dichos excesos? Libre decisión sobre su cuerpo, protección para no sufrir acoso de figuras de autoridad, completa determinación de su vida sexual sin juicios por parte de terceros. Y todos los demás excesos que los hombres gozamos como derechos. Así que la mayor parte de los políticos en México dice que apoya las causas feministas hasta que le tocan el tema de las libertades reproductivas. Ahí es cuando regresan a refugiarse en el derecho a la vida que sólo es compartido desde la profesión religiosa, aunque la comunidad científica y la Organización Mundial para la Salud (OMS) presenten pruebas de lo contrario. Probablemente haya varios de ellos que tiene auténtica convicción de sus creencias confesionales, pero imponer las leyes de su congregación a la sociedad quiere decir que tienen poca confianza en el convencimiento por la vía del diálogo, por lo que hay que encaminar con el garrote a aquellas que no compartan sus cosmovisiones místicas. Los demás tal vez solo defiendan dichas convicciones por mantener a su base electoral contenta, y en la política mal practicada siempre se impondrá el pragmatismo de la lucha por el poder que las causas que llevan a querer detentarlo.

Sin embargo, este movimiento tiene esperanza por dos motivos muy importantes: primero, porque han sido sagaces en determinar cuáles son las fuentes que permiten que el abuso sea socialmente aceptado, cuando no exigido por los traumas del patriarcado. Sí es la cultura, sí es el gobierno, sí es el estado y sí es la sociedad. Segundo, porque saben que desarmar esa cultura llevará más que soluciones someras como la sensibilización y la concientización. Pasa también por la justa aplicación de las leyes en castigo de aquellos que decidieron que era su derecho obligar a una mujer a soportar o hacer lo que la voluntad que un hombre o una sociedad discriminatoria les obligue. Son mujeres jóvenes que le cantaron al estado y a su sociedad en lo que se han convertido. Tienen futuro y tendrán oportunidades de lanzarse a hablar en lugar de los pusilánimes que dicen apoyar causas feministas hasta que el machismo de su formación les diga lo contrario.

Educación

Por Ángel Dorrego

Analista, consultor y asesor político. Especializado en temas de seguridad y protección civil. Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México, Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales también por la UNAM. Cuenta con experiencia como asesor de evaluación educativa en México y el extranjero, funcionario público de protección civil y consultor para iniciativas legislativas.
Correo para el público: adorregor@gmail.com

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