Nos estamos quedando sin niños

Hace 20 años el pensamiento mágico y lúdico duraba hasta los 13 años. Hoy desaparece entre los 8 y 9. Entonces ¿Nos estamos quedando sin niños?

La inmediatez que viven en su entorno y modelos cada vez más adultos avivan este proceso dejando sin niños a la sociedad en general. La rapidez con que por estos días se esfuma esta etapa infantil es una percepción generalizada en especialistas y padres.

De hecho, los psicólogos y padres de familia coinciden en que si hace 20 años este espíritu infantil duraba hasta los 13 años, hoy desaparece entre los 8 y 9.

Lo que están viendo es que ese espíritu de la niñez, caracterizado por el pensamiento mágico, lo lúdico y la inocencia, es una etapa del desarrollo que se está acortando.

Pasados los 10, cada vez menos niños tienen ese goce por el simple hecho de jugar y entretenerse. Sus aspiraciones dejan de ser infantiles de repente y miran con ansiedad un mundo adolescente sin esperar que llegue a la edad que corresponde. Lo mismo están notando los padres.

Se estima que los niños están creciendo más rápido que las generaciones previas y siete de cada 10 dice que sus hijos deberían tener más tiempo para comportarse, justamente, como niños, pero que no lo pueden hacer porque la vida cotidiana los empuja a lo contrario.

“Los niños buscan dónde reflejarse y los modelos que se les presentan tienden a mostrar adultos en miniatura. Desde muy chicos entran en un mundo que, para generaciones anteriores, era lejano e incluso estaba vedado”.

Antes, ver a alguien significaba trasladarse a su casa. Ahora los niños están conectados con todo el mundo al mismo tiempo. “La inmediatez hace que quieran todo más rápido”.

El desarrollo va a mil por hora y ellos quieren ir en el mismo carro.

Este aceleramiento, en todo caso, algunas veces no llega a todos:juegan a ser grandes, le copian a la gente de la tele o lo que hacen sus hermanas más grandes que son jóvenes y no niñas como ellas.

De tanto simular algo que no son, terminan por perder lo más valioso de la niñez. Hay algo que marca la diferencia entre  compañeras y compañeros de clase: mientras los demás quieren ser grandes, habrá quienes quieren seguir siendo niños.

Sin preocuparse de cosas que a su edad que no deberían, como el tema de la apariencia, que incluso crea mella en la propia salud, otros casos los orillan a vivir una etapa que aún no les corresponde, les urge crecer para ser sexualmente atractivos, cayendo algunos de los niños en el hipersexualismo.

Y aunque los papás perciben claramente esta aceleración en el desarrollo, algunos no saben bien qué hacer, se quedan en la comparación -ellos crecían bastante más lento- y les cuesta no ceder a los requerimientos que permiten este desarrollo acelerado de los niños.

Por ejemplo, la tecnología, éste un tema que permite la entrada de todo tipo información del mundo. Siendo un niño, blanco fácil  de caer en los juegos de gente con malas intenciones, además de la violencia a la que tienen acceso, considerando ésta la parte medular que los hace perder la sensibilidad al dolor ajeno y al respeto por los demás.

Los recursos lúdicos y la imaginación son un factor protector y de enriquecimiento personal. Un entrenamiento social. “Mientras más entrenamiento, más hábil eres en el tiempo. Y la relación también es inversa: mientras menos entrenamiento tienen, más les cuesta enfrentar las relaciones y tienen poco margen de tolerancia a la frustración”.

Ese entrenamiento social permite que los niños se centren más en el proceso y en el aprendizaje que en el resultado y en la necesidad de hacer las cosas de prisa. Es decir, que mantengan rasgos de inocencia propios de la edad.

¿Qué pasa si no tienen ese entrenamiento? Una forma natural de suplirlo es establecer vínculos con niños o adultos que tengan estos recursos e incorporarlos a través del aprendizaje.

“Un vínculo que no sea ansioso ni absorbente y que muestre una forma de enfrentar y resolver los problemas, que les brinde armas para actuar con RESPONSABILIDAD. y los adultos : ¿Qué tanta responsabilidad tenemos, cuál es nuestro papel?

Eréndira Córdoba