Cosas que ocurren cuando te vas a vivir con tu pareja

10 cosas que ocurren cuando te vas a vivir con tu pareja.

Irte a vivir con tu pareja es uno de esos saltos que dan vértigo y que, sin duda, suponen un antes y un después en tu vida. Tendrás que acostumbrarte a hacer un montón de cosas que antes no hacías y a dejar de hacer otras tantas a las que estabas habituado. Quizás quieras huir y volver a compartir piso con tus compañeros o tal vez estés encantado con tu nueva vida en pareja. Sea como sea, seguro que te suenan alguna de estas situaciones.

1. Te peleas por la decoración

Poner la casa cuqui es el primer conflicto al que vas tener que enfrentarte cuando te lances a la aventura de vivir con tu pareja. Y es que sois tan diferentes… Tú decoras como Alaska y tu churri lo hace como si fuese Isabel Preysler. Donde tú quieres animal print, arte pop y cuadros de super héroes, tu amorcito prefiere elegancia, sobriedad y estilo clásico.

2. Tienes que mantener la casa limpia

En tu piso de estudiante soltero hacías de tu vida una fiesta con tus compañeros de piso. Pero ahora eso ha cambiado, amigo. Olvídate de dejarte la ropa tirada por toda la casa. Colocar cada cosa en su sitio será una norma principal para no convertir la convivencia en una olla exprés susceptible de explotar en cualquier momento. Cumplir con los días de limpieza también será una condición que ya no te podrás saltar. Recuerda: el nidito es de los dos, no solo tuyo.

3. La almohada es un nuevo objeto de deseo

No es tan divertida. Dormir acompañado conlleva compartir cama, almohada y nórdico. Y eso tiene sus consecuencias. La cama es más grande que la que tenías antes, pero la almohada, sábanas y nórdico no son solo tuyos. Despertarte de madrugada y encontrarte durmiendo a pecho descubierto, con la cabeza medio colgando y ver a tu pareja acaparando todo de forma inconsciente es algo a lo que te deberás de ir acostumbrando. Después vendrán los tirones por conseguir el trocito de confort que te pertenece. Y todo esto a las 4 de la madrugada.

4. Te toca defender el honor y la integridad de tus muñecos

Tus figuras frikis no tienen lugar en el nuevo hogar. No caben, no pegan, no son propias de un adulto. O al menos eso dice tu churri. Pero tú les tratas de encontrar hueco y las mudas constantemente conforme tu pareja las va enviando al exilio. Del dormitorio al salón, del salón al estudio, del estudio al cajón. Ya no eres un niño, te dice. ¿Ah no? Sí, sí que lo eres y estás encantado de serlo.

5. Luchas por hacerte con más hueco en el armario

No, no se trata de un debate LGTB sobre quién salió antes de él. Esto va sobre la ropa y el espacio que tu lover te deja para guardar la tuya. De los creadores de ‘la guerra de la limpieza’ llega esta aterradora secuela. Y es que ya sabemos cómo son los armarios y lo poco que dan de sí cuando uno se pone a guardar montañas de ropa.

6. Practicas sexo en sitios insospechados

En la alfombra del salón, en la cocina, en el baño, encima de la lavadora… Y es que, antes, en tu piso de estudiantes la presencia de tus compañeros limitaba tu vida sexual a tu habitación. Ahora, en tu independencia en pareja habéis descubierto el mundo de posibilidades para el sexo que supone el tener una casa entera a vuestra disposición. Eso sí, cuidado, algunos muebles low cost pueden llegar a romperse y hacer que el polvo acabe en accidente doméstico.

7. Hay que dar explicaciones

Esto es un remember de algo que dejaste de hacer cuando te convertiste en universitario y te fuiste a vivir lejos de casa: dar explicaciones de por qué esto o por qué lo otro. ¿Qué hacías en el sofá hasta las tantas?, ¿has comido chocolate estando a dieta?, ¿qué haces en el ordenador? Y no, no es control ni mucho menos, es pura curiosidad que le invade a tu pareja. Curiosidad a la que tú no sabes cómo contestar. “¡Hey, me has pillado!”, puede ser una buena respuesta.

8. Ya no puedes ver porno tranquilamente

O al menos ya no puedes verlo con la libertad que lo hacías antes. Ahora no basta con coger el ordenador y buscar un sitio seguro de la casa. Tendrás que vigilar que ese lugar tenga pestillo en la puerta y buscar una buena explicación cuando salgas de ahí con el ordenador en brazos y el cutis reluciente. Seguramente a tu pareja no le importe y sepa que el porno es un elemento más de tu vida sexual, pero mejor prevenir.

9. Dejas de apilar platos y vasos en el fregadero durante días

Ahora te toca fregar al instante. Tus compañeros y tú acostumbrabas a hacerlo en diferido o, lo que es lo mismo, dejabas los cacharros sucios para fregar al día siguiente, o al otro, o al otro… Pero ahora tu pareja tratará de que dejes de ser un pequeño cerdito y te incorpores al fascinante mundo de la higiene doméstica.

10. Alguien te espera con la cena hecha

Mientras que el ‘sálvese quien pueda’ reinaba en tu anterior etapa de convivencia con compañeros, ahora sabes que alguien te esperará con la cena hecha cuando llegues tardísimo a casa. O serás tú el que esperes con la cena hecha a tu otra mitad. Y esas cosas, amigos, son de las que merecen la pena.

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