Explora la Pirámide de Las Flores e imprégnate de su magia

Explora la pirámide de Las Flores e imprégnate de magia huasteca

Transfórmate en arqueólogo y devela los misterios que los antiguos huastecos dejaron tras de sí en la Pirámide de las Flores convenientemente ubicada en el corazón de Tampico, al borde de la ensenada de la Laguna del Chairel, no muy lejos del centro histórico.

Explora la Cue de las flores, otro nombre que reciben las pirámides en Tampico, cuyo peculiar estilo es muy diferente al que normalmente se encuentra en la costa del Golfo de México; maravíllate con los objetos de cerámica que cuentan trozos de la historia de nuestra tierra y vinculan el territorio del noreste con el altiplano central, y asómbrate con la escultura semidesnuda de la deidad a quien se le dedica este templo.

Admira los más de treinta metros de monumento circular y maravíllate con su interior de argamasa y conchas, que fuertes hombres construyeron en honor a Teem, diosa de la fertilidad a quien se le rendía culto para procurar la abundancia de la flora, representante de la tradición huasteca.

El asentamiento Las Flores se fundó sobre el promontorio de 30 metros de altura que bordea la ensenada de la laguna de El Chairel, situada a 4 kilómetros al noroeste del centro de la ciudad de Tampico.

El sitio fue explorado desde principios del siglo xx, pero fue entre los años 1941 y 1942 cuando los arqueólogos Gordon Ekholm y Wilfredo Du Solier realizaron las primeras excavaciones científicas.

Sin embargo, gran parte del sitio ya había sido destruido por la construcción de las colonias Águila y Las Flores durante el auge petrolero de Tampico (1920-1950) y sólo quedó un montículo en un pequeño lote de propiedad municipal usado como basurero, lo que aceleró el deterioro de los vestigios.

En 1991 y en 1997 se realizaron varios trabajos de liberación, consolidación y restauración por parte del INAH en colaboración con el Ayuntamiento de Tampico y se instaló la infraestructura necesaria para proteger y abrir el sitio al público.

La cerámica de Las Flores representa un fuerte cambio estilístico respecto de la tradición antigua de la costa del Golfo de México, ligada a las cerámicas toltecas y mayas.

Ésta presenta estilo, formas y decoración que recuerdan las vasijas del centro de México, relacionadas con cerámicas toltecas de las fases coyotlatelco y mazapa (700–1000 d. C.).

Un hallazgo importante es una escultura que representa a la diosa de la fertilidad (Teem) semidesnuda con un gran tocado sobre la cabeza y las manos sobre el vientre, representante de la tradición huasteca. Lo que parece indicar un estrecho lazo de este pueblo con la mesa central o, bien, la coexistencia de dos grupos de población étnicamente distinta en un mismo núcleo.

El sitio contaba originalmente con más de 20 montículos que fueron construidos entre el año 1000 y 1250 d.C. (periodo Pánuco v) con una posible reocupación breve entre 1250 y 1500 d.C. (periodo Pánuco vi).

El montículo conservado y conocido como Pirámide de Las Flores es de planta circular, con forma de cono truncado, de aproximadamente 6 metros de altura con 36 metros de base. Su construcción se realizó con tierra y apisonados de cal y arena, sin utilizar la piedra. En su interior hay evidencias de 26 pisos de argamasa (mezcla de cal y arena) y cinco subestructuras.

Se identificaron también vestigios de once escalinatas. La Escalinata Oeste semeja una gran rampa flanqueada por alfardas que sobresale del macizo del basamento, cuya cima estaba coronada por un templo de planta circular y techo cónico, construido con madera y zacate.

INAH y Visit Mèxico Fotografía Ricardo Llama