Qué esconden los «Reyes del drama»

 

Reyes del drama: ¿qué hay detrás de estos comportamientos?

Todos conocemos a los Reyes del drama. ¡Todo les supera, todo les sale mal! Ahora bien… ¿y si detrás de estas reacciones emocionales existiera algún problema que estamos descuidando?
Reyes del drama: ¿qué hay detrás de estos comportamientos?

Las reinas y reyes del drama parecen ir de crisis en crisis, de catástrofe en desdicha y después al desastre sin saber muy bien la razón. Sus reacciones emocionales son, a menudo, desproporcionadas y tienen el don incluso de lograr que todos los demás tengan que estar pendientes de sus tristezas cotidianas.

Todos tenemos algún amigo o familiar que tiende a este tipo de situaciones. Su vida parece un teatro donde no dejan de surgir repentinos incidentes, giros inesperados del destino y situaciones de lo más estrambóticas. “¡Es que todo me pasa a mí!”, “¡la vida no es justa conmigo!” nos comentan.

Así, y aunque sus reacciones emocionales nos parezcan desproporcionadas y hasta teatrales, en ocasiones, nos queda la duda. ¿Lo de estas personas es mala suerte? ¿O existe quizá algún problema subyacente que debería tenerse en cuenta? Lo analizamos.

Reyes del drama: ¿por qué actúan de este modo?
Hay reinas y reyes del drama, personas que maximizan los pequeños problemas, que sobredimensionan cualquier situación y que requieren de nuestro apoyo cada dos por tres. Queriendo o sin querer se convierten en el centro de atención y en ocasiones pueden ser agotadores.

Sin embargo, es necesario hacer un matiz. Como sucede en cualquier comportamiento, trastorno o estilo de personalidad, todo entra dentro de un espectro. Es decir, habrá personas que evidencien una conducta más exagerada y otros, en cambio, hagan del drama algo puntual y ocasional.

En cualquier caso, hay algo evidente: es necesario comprender su realidad. Es más, en caso de que seamos nosotros el clásico drama king o drama queen, siempre es recomendable saber lo que nos pasa y qué estrategias deberíamos tomar. Lo analizamos.

Inclinación a las sobreemocionalidad
Las reinas y los reyes del drama pueden evidenciar en ocasiones una mala gestión emocional. Se tiende, por término medio, a sobredimensionar cualquier situación y derivar en esas emociones más extremas, como son el pánico, la angustia, la desesperación…

No lo hacen de manera voluntaria, no hay una búsqueda expresa de buscar la atención. En ocasiones, puede haber una base biológica detrás e incluso una tendencia natural a responder de este modo. Haber vivido alguna experiencia traumática, haber sufrido negligencias con los progenitores y carecer de habilidades para entender y manejar los estados emocionales puede hacer, sin duda, que se derive en estos comportamientos.

La depresión encubierta
Si hay algo que define a los reyes del drama son los altibajos. Por lo general, suelen ser personas carismáticas, con habilidades sociales para hacer amigos, para conectar con unos y otros por esa intensidad natural en todo lo que hacen. Sin embargo, les define la inestabilidad emocional, el mostrarse hoy lleno de energía y entusiasmo y al poco necesitar apoyo, ansiar que alguien escuche sus tristezas ante aquello tan negativo y desesperante que les ha sucedido.

En muchos casos, lo que hay tras esa inestabilidad y, sobre todo, tras esa incapacidad para manejar las pequeñas dificultades del día a día es una depresión encubierta. Esas fluctuaciones en el estado de ánimo también suelen acompañarse de problemas del sueño y alimentación, de no poder con nada y de sentirse superados. Es una realidad que debemos tener en cuenta.

Los reyes del drama más problemáticos: el trastorno histriónico de la personalidad
Por lo general, las reinas y los reyes del drama evidencian básicamente una mala gestión emocional y una tendencia a sobredimensionar los problemas cotidianos. Ahora bien, podemos encontrarnos también con casos más extremos…

Así, hay quien hace del drama su forma de vida. En estas situaciones es muy posible que estemos ante una persona con un trastorno histriónico de la personalidad.

Los síntomas serían los siguientes:

Expresan sus emociones de forma muy teatral y exagerada.
Demuestran cambios muy bruscos de humor.
Quedan influenciados por otras personas.
Necesitan ser el centro de atención.
Suelen ser provocadores, buscan atraer a través de su comportamiento, de su aspecto físico, de sus palabras…
Se toman libertades con los demás generando así situaciones de incomodidad con quienes les rodean.
Son incapaces de responsabilizarse de sus problemas.
Suelen ser muy inmaduros.

Si nos preguntamos por qué una persona puede llegar a estos extremos, en muchos casos la respuesta está en la infancia. Estudios como el realizado en la Universidad de Manitoba (Canadá) y publicado en la revista Pediatrics nos señalan que factores como el maltrato, el castigo físico, el abandono o la negligencia emocional derivan en ocasiones en el desarrollo de trastornos mentales.

¿Qué puedo hacer si soy una rey o una reina del drama?
“¡Menos drama que eres una exagerada!“, “¡cógete las cosas de otro modo porque se te va la cabeza!”. Todo rey del drama, como toda reina, habrá recibido en alguna ocasión este tipo de comentarios. Lo cierto es que a estas personas les encantaría no caer en esos extremos emocionales, pero la verdad es que no siempre se puede evitar.

No, cuando llevas media vida sintiendo que todo lo malo te pasa a ti y que cada vez tienes menos control sobre las cosas. ¿Qué podemos hacer entonces ante estas situaciones?

Es necesario aprender a racionalizar. En lugar de reaccionar al instante ante cada cosa que nos sucede, hay que tomar aire, detenernos y reflexionar. Antes de dejarnos secuestrar por las emociones pasemos primero por el filtro del análisis para entender qué ha pasado, por qué ha pasado y qué deberíamos hacer.

La segunda estrategia es aprender las claves básicas de la gestión emocional: qué siento, qué me dice esa emoción, cómo controlar esa emoción y qué tipo de reacción debería aplicar para sentirme mejor.

Una tercera estrategia es aprender estrategias para solucionar problemas. Si aprendemos a manejar las dificultades más pequeñas del día a día afrontaremos mejor las grandes retos.

Por último, y no menos importante, es esencial contar con ayuda especializada. En muchos casos, como hemos señalado, tras el comportamiento dramático hay una depresión encubierta que debe ser tratada. No lo dejemos pasar.

La mente es maravillosa Valeria Sabater