Se extingue el kiliwa; quedan dos hablantes en BCN

Uno de los tres últimos hablantes del linaje kiliwa chiwilinomitai y de la lengua de su etnia, murió ayer.

Ciudad de México.- José Ochurte, último miembro del linaje kiliwa chiwilinomitai (Hombres de Arroyo Grande) y uno de los tres últimos hablantes de la lengua de su etnia, murió ayer en el poblado Valle de la Trinidad, al oriente del puerto de Ensenada, informó Everardo Garduño, integrante del cuerpo académico de Historia del Desarrollo Regional de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC).

Ahora las únicas personas que hablan con fluidez el idioma kiliwa –según lingüistas, una ventana a las culturas extintas del desierto central– son Clotilde Espinoza y Leonor Farlow, dijo Garduño, integrante del Instituto de Investigaciones Culturales de la UABC. Agregó que no se han podido determinar los orígenes de los kiliwas, grupo que hoy sólo consta de 15 personas.

“Uno de los tres hablantes del kiliwa y depositario de la memoria de una singular cultura ha emprendido su viaje a través de las estrellas. Tuve la fortuna de conocer a toda su familia, viviendo en Arroyo de León, en una casa tradicional de ramas enclavada en lo alto de La Parra, cañada donde se localiza el aguaje del mismo nombre. Tuve el infortunio también de ver cómo partían uno a uno los miembros de esta familia: Cruz, Trini, Teodoro, Ceferina y José, el más joven, sabedores todos ellos de que el mundo, después de todo, también se hizo para morir, como decía don Trini”, publicó Garduño en redes sociales.

Es muy poco lo que se sabe de la época prehispánica de los pueblos que, como los kiliwa, habitaron en la península de Baja California.

Se han encontrado algunos restos arqueológicos que permiten intuir que aprovechaban los recursos marinos y la escasa flora y fauna de la región para su subsistencia. Sin embargo, nada se sabe a ciencia cierta de su organización social o de sus vínculos con otros pueblos, como los oasisamericanos o los mesoamericanos.

Cuando los españoles llegaron a California y Nuevo México apenas unas cuantas líneas dedicaron sus cronistas al pueblo kiliwa, al que con frecuencia se confundió con los laymones y los cochimíes. Incluso, en su clasificación de las lenguas indígenas mexicanas, Manuel Orozco y Berra, en mitad del siglo XIX no distingue la lengua kiliwa.

La campaña de evangelización entre los kiliwa (y en realidad, entre los pueblos californios, como los llamaron los españoles) tampoco tuvo una gran profundidad. Los jesuitas como Eusebio de Kino fracasaron, los franciscanos apenas dejaron rastros de su presencia en Baja California y los dominicos apenas tocaron tangencialmente a los kiliwa, desde las misiones asentadas en territorio paipai como Santa Catarina.

Los kiliwas eran cazadores y recolectores. Vivían sobre todo de la recolección de los frutos de pitahaya y otras cactáceas que florecen en el desierto californiano.

En las montañas que rodean su territorio tradicional cazaban venados y otras presas. Desde los inicios de la colonización del Valle de la Trinidad y sitios circunvecinos, los kiliwas también se incorporaron al trabajo de la ganadería como vaqueros de los colonos y después como grupo proletario.

Tras la independencia, los kiliwa fueron despojados de sus tierras, aunque luego les fue restituida una porción de ellas.

La vestimenta tradicional ha sido sustituida por ropa que comúnmente se usa en las zonas urbanas de la frontera con Estados Unidos, a donde se supone que una parte de los kiliwa migra con frecuencia.

Actualmente, los kiliwas trabajan temporalmente con los grandes latifundistas, mismos que les han robado sus propias tierras.

La región es casi inhabitable, sin extensiones planas para cultivar y sin agua.

En general, los grupos indígenas pierden cada vez más las manifestaciones de su propia cultura, pues carecen de educación bilingüe y bicultural a excepción de los kiliwa, todos cuentan con escuela primaria atendida por uno y hasta tres maestros.

Con información de Agencias.