Ya no sé qué le toca hacer a los gobiernos estatales

Ya no sé qué le toca hacer a los gobiernos estatales

Por Ángel Dorrego.- La semana pasada nos encontramos con que en el municipio de Uruapan, Michoacán, aparecieron 19 personas asesinadas y mutiladas. Nueve de ellas estaban colgadas de un puente con una manta que contenía un mensaje de un grupo delictivo dirigido hacia otro. Rápidamente las autoridades municipales y estatales le pidieron al gobierno federal que aumentara la presencia de la Guardia Nacional en la zona. Esto derivado de que claramente se encuentran rebasados en el tema de la lucha en contra del crimen organizado, pero desgraciadamente no se vieron desbordados ese día, ni esa semana, ni tampoco este año. Hace mucho que Michoacán ha estado lejos de poder lidiar con los problemas de seguridad pública en su territorio, e incluso podemos mencionar colusiones directas de por lo menos dos personas cercanas a ex gobernadores y un gobernador interino. Y desgraciadamente tampoco son los únicos, pues cambiando de semana podemos encontrar escenarios de terror parecidos en Guerrero, Tamaulipas, Veracruz o Morelos, por mencionar sólo algunos.
Sin embargo, lo que llama mi atención es que cada gobierno estatal que se ve rebasado en cualquier tema, de inmediato acude a la federación por ayuda. Es la historia al revés. México durante el siglo XX fue un país francamente centralista. Con presidentes que pertenecían a un único partido y gobernadores que compartían la misma filiación política, casi todas las decisiones trascendentes se tomaban desde la capital de la república. Incluso recuerdo que una vez un español se burló de nosotros diciendo que España era un país centralista que delegaba muchas funciones de la administración pública a las comunidades locales, mientras que México era una federación en la que todo se decidía en el centro. Acompañado del lento y peliagudo proceso de democratización de nuestro país, se pugnó porque muchas de las funciones públicas se trasladaran a los ámbitos estatales y municipales, ya que teóricamente desde lo local se puede operar de mejor forma problemas específicos reduciendo el gasto de coordinación y administración. Y digo teóricamente, no porque sea falso, ya que en muchos lugares del mundo han logrado funcionamientos eficientes y cercanos a la sociedad con esta fórmula. Pero aquí sigue sin funcionar, excluyendo honrosas, pero minoritarias excepciones. O no funcionó, depende de su punto de vista.
Por ejemplo, los servicios de salud se federalizaron para que cada estado de la república distribuyera sus gastos según la lógica de sus propias necesidades. Pero resulta que muchos de ellos se gastaron los recursos en cualquier cosa, menos en el área para la cual estaban destinados. Y cuando los servicios se vuelven precarios, insuficientes e ineficientes, los gobernadores acuden a pedir más a la federación. Con la educación ha pasado lo mismo. Escuelas con instalaciones vergonzosas y profesores más cercanos al analfabetismo que a la profesionalidad, mientras que los gobiernos de los estados adquieren cuotas de poder a través de patrocinar organizaciones magisteriales en donde cobra más gente de la que en realidad trabaja. Y luego acuden a la federación cuando el dinero para estas organizaciones no resulta suficiente. Municipios que escamotean hasta el agua para los bomberos, pero patrocinan fiestas locales con millones de pesos. Y luego a endeudarse hasta niveles de oprobio para cubrir las necesidades. Por eso les tuvieron que poner una ley que les limitara este innecesario exceso. Quieren dinero para pagar pirotecnia, no para apagarla en caso de que las cosas se salgan de control.
Con el sensible tema de la seguridad es lo mismo, pero hay que hacer una acotación muy clara: éste es el asunto que le da razón de ser a la existencia de un gobierno. No es que los otros temas, como los mencionados en el párrafo anterior, no sean importantes. Son fundamentales. Pero el estado como lo conocemos el día de hoy es un fenómeno que encuentra su objetivo primordial en defender la vida de sus habitantes. Cualquier fracaso en un tema relacionado con la seguridad puede terminar con cualquier otro avance que un gobierno tenga. Ya sea defensa nacional, seguridad nacional, seguridad pública en cualquiera de sus acepciones teóricas (seguridad ciudadana, seguridad humana) o protección civil; pueden aplastar en muy poco tiempo los avances en infraestructura, desarrollo económico, derechos sociales y ponga usted el tema que se le antoje en un largo etcétera. Y aun así los estados y municipios difícilmente gastan un solo peso más de lo que la federación les envía etiquetado para cumplir con esas funciones. Entonces, si empiezan a aparecer conflictos con el crimen organizado, que vengan ejército y marina (que no están hechos para esa función), además del modelo de policía nacional del sexenio en turno. Incluso ante la aparición de desastres de origen natural o antropogénico, lo primero que piden es el apoyo de los fondos de desastres y la aparición del Plan DNIII-E de la Secretaría de la Defensa.
Hagamos un comparativo con nuestro vecino del norte, los Estados Unidos de América (EUA). No los escojo para este ejercicio por particular admiración, sino porque son nuestro ejemplo más cercano de organización política paralela. No por nada ambos llevamos el apellido de Estados Unidos como nuestra forma de estructuración gubernamental. Se supone que ambos somos federaciones de estados, los cuales estamos incorporados por un pacto de unidad, pero cuyas demarcaciones territoriales tienen independencia de funciones para fungir sobre lo local. La diferencia es que allá los gobiernos estatales suelen ser sumamente celosos de que el gobierno federal intervenga de algún modo en su funcionamiento interno, ya que en su imaginario pedir ayuda a la Casa Blanca significa admitir el fracaso de un gobierno. Como para sepultar la carrera del político que pidió ayuda, excepto que ocurran circunstancias auténticamente extraordinarias. Seguramente habrá usted visto en las miles de series y películas estadounidense disponibles en nuestro mercado cómo las policías locales y estatales se incomodan en el momento que llegan los agentes del FBI a resolverles un problema. Lo ven como una invasión a su campo de acción, ya que recibir ayuda es una sospecha de incompetencia. Aquí todas las películas empezarían con el jefe de las fuerzas policíacas locales pidiéndole a su gobernador que acuda a la federación para que les manden elementos de la Guardia Nacional, y que de paso la Fiscalía General de la República atraiga la investigación.
Ahora, la pregunta es: ¿por qué si el tema es tan importante no dedican todos los recursos posibles a detener el muy avanzado problema de seguridad que existe en nuestro país? Muy sencillo, porque no otorga réditos electorales. Nuestros políticos se encuentran en una vorágine en la cual su supervivencia personal depende de su supervivencia política. O sea, continuar viviendo dentro del presupuesto. Por esto, tan pronto como consiguen un puesto público, ya están pensando en el que sigue. Si soy presidente municipal, para la próxima puedo ser diputado local. O federal, se vale soñar en grande. O gobernador. O senador. O secretario. Y luego todo el camino de regreso. O por partes. Y para eso hay que llevarle a la gente beneficios directos, como apoyos en efectivo y especie, pavimentación, carreteras, programas sociales, todo para que aprecien al personaje (no a la institución que representa el cargo) y voten por él en la siguiente boleta que aparezca. Y adjudicando obras también se ganan aliados que bien pueden financiar campañas. ¿Y los problemas de seguridad? Que los resuelva la federación. Total, con un buen trabajo de imagen y hasta los políticos que fracasaron en sus estados pueden llegar ahí.

Educación

Por Ángel Dorrego

Analista, consultor y asesor político. Especializado en temas de seguridad y protección civil. Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México, Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales también por la UNAM. Cuenta con experiencia como asesor de evaluación educativa en México y el extranjero, funcionario público de protección civil y consultor para iniciativas legislativas.
Correo para el público: adorregor@gmail.com

Foto agencias EFE