Cómo afectan a los hijos los problemas de pareja

Cómo afectan a los hijos los problemas de pareja

Existen parejas con un alto nivel de conflictividad que optan por seguir juntas por los hijos. ¿Cuántas veces no has escuchado “no me separo por mis hijos” en este contexto?

Es básico señalar que lo negativo no es el divorcio sino cómo éste se comunica a los menores, cómo se lleva a cabo y cómo se concreta en el tiempo, y en los casos de mala relación conyugal lo negativo para los hijos es mantener esa relación con los menores siendo testigos de todas las discusiones.

Te explicamos cómo afectan a los niños los problemas de pareja.

Los conflictos conyugales
La exposición a las peleas de los padres afecta negativamente al desarrollo de los menores, no sólo durante la pela sino también después de la misma.

De hecho este tipo de conflicto conyugal es uno de los mejores pronosticadores de problemas en los menores. Los hijos expuestos frecuentemente a esta situación copian la forma de actuar de los padres y no desarrollan maneras sanas de expresión de la ira.

De este modo pueden responder tanto con una conducta agresiva, como con angustia y preocupación.

Cómo afecta a los menores
Desde muy pequeños los niños ya son sensibles a los conflictos, incluso desde el sexto mes de vida (hecho que se ha descubierto al observar cambios en su ritmo cardíaco y presión arterial al encontrarse inmersos en situaciones de conflicto entre adultos).

Esto supone que captan la tensión y agresividad de la situación a través del lenguaje no verbal, y que por lo tanto no necesitan entender las palabras para percibir lo que ocurre.

Por lo tanto es erróneo pensar que “como no nos entiende, no se entera.” Los niños son muy sensibles a las exposiciones no verbales de ira y mucho más a aquellas discusiones en que ellos son “el tema” del conflicto.

A medida que crecen, los estudios demuestran que cada vez participan más en las discusiones, alcanzando el máximo pico en la adolescencia.

Algunas consideraciones
Las investigaciones ponen el acento en la finalización de los conflictos: cuando éstos se solucionan verdaderamente (no sólo dejarlos aparcados hasta el siguiente enfrentamiento) entonces tienen muy pocas repercusiones en los menores.

También se ha descubierto que no hay diferencia alguna si los niños están presentes o no en el momento de solucionar el conflicto, ya que tienen mucha sensibilidad para captar que el problema se ha solucionado, aunque no hayan presenciado dicha solución.

Sin embargo aunque presenten esta capacidad no implica que necesariamente puedan hacerlo siempre, por lo que se recomienda que los padres les expliquen que han podido arreglar la situación, y sobre todo que no ha sido por su culpa, que ellos no son los responsables.

Desde el punto de vista del pequeño, ofrecer una disculpa es el mejor modo de terminar un conflicto.

Si ustedes como pareja no pueden evitar sus peleas, si estas no son algo puntual sino lo habitual quizás deban plantearse aceptar que su relación ha terminado, no prolongar una batalla inútil y no hacerles pasar a sus hijos por estas situaciones.

Los padres en conflicto suelen cambiar su forma de ejercer la paternidad y maternidad, volviéndose más exigentes, permisivos/negligentes, o sobreprotectores. Y el niño inmerso en una situación de este tipo crece con ansiedad, miedo, culpa y con ira, que acabará expresando de la misma forma que ha estado viéndolo durante toda su infancia.

Consultar a un especialista
Si por el contrario piensan que su relación se puede salvar y ambos están dispuestos a hacerlo entonces lo mejor es consultar a un especialista que los guíe en la solución de sus conflictos con el fin de tener un hogar pacífico y beneficioso para los niños.

Jorge Gonzalvo Marín