Al presidente no le conviene la pluralidad

Al presidente no le conviene la pluralidad

Por Ángel Dorrego.- Existe un dicho que versa “divide y vencerás”. Proviene de la civilización romana, cuyo imperio lo planteó alguna vez como solución a una serie específica de problemas. Ha pasado de generación en generación como axioma válido para ganar terreno en el campo de la política. Casi ha adquirido las condiciones de un refrán, a los cuales se les da por ciertos por ser repetidos miles de veces sin cuestionar la lógica del planteamiento y asumiendo su efectividad predictiva como ley. Sin embargo, aunque es cierto que es una estrategia utilizada para cuando una serie de grupos adquirirá fuerza en la unión para vencer a un oponente más poderoso, no siempre es lo que conviene a este último. Incluso puede convenirle lo contrario, como es actualmente el caso del presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador.

En las democracias, dividir puede resultar en una estrategia ganadora, ya que existen segmentos de la sociedad que usualmente representan sus intereses a través de partidos políticos, por lo que la unión de varios bloques ajenos podría afectar la viabilidad de un solo grupo para acceder al ejercicio de la autoridad pública. Así que mostrar al grupo recién unido cuáles son las diferencias que les impedirían el uso compartido del poder es plausible en ese sentido. En los regímenes autoritarios, o que pretenden serlo, la lógica suele voltearse debido a que es propio de este tipo de organización política buscar esquemas dicotómicos con el fin de exhibirse como urgentes salvadores de la nación ante la amenaza de un enemigo en común para la parte buena y noble de la población de un lugar.

A inicios de la semana, el vocero de la presidencia de la república, Jesús Ramírez Cuevas, mostró a la prensa asistente a las conferencias matutinas del titular del ejecutivo un documento que, según él, prueba que existe un complot de parte de los adversarios del presidente para derrocar su gobierno, el cual incluye la difusión de propaganda negativa para arrebatarle el cargo a López Obrador en la votación para la revocación de mandato que él mismo promovió; así como impedir a su partido, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) la mayoría en ambas cámaras del Congreso de la Unión. El documento es corto, tiene una tipografía parecida a la que utilizaban las máquinas de escribir, se le colocó la palabra confidencial como fondo de las hojas, apenas abarca una serie de objetivos, ninguna estrategia concreta; pero, eso sí, contiene los nombres de personajes que han sido críticos del gobierno actual, incluyendo a políticos, periodistas (como Raymundo Riva Palacio y Carlos Loret de Mola) e incluso humoristas políticos (Víctor Trujillo y Chumel Torres, por ejemplo). No se presentó ninguna evidencia de la autenticidad del documento o del pacto.

Si bien un documento así no asustaría a nadie debido a su pobre elaboración, la obviedad de incriminar sin establecer beneficios, la apariencia de documento de película de espías en la Guerra Fría y la vaguedad de la estrategia para lograr objetivos; todo esto sin contar que no hay nada que lo vincule con los personajes que ahí se mencionan, López Obrador decidió validarlo. Y después de dar por real este paupérrimo panfleto, repitió una sentencia que ya había proferido a los que no comparten la totalidad de sus planteamientos: se está con él para lograr la transformación del país o se está en contra del gobierno de la auto denominada cuarta transformación. Y no hay más, por lo menos para él. La auténtica pregunta aquí es ¿para qué quiere el presidente que todo mundo se defina en su simple y limitada concepción de la ideología política?

La razón puede ser igual de sencilla: para no tener que discutir con múltiples actores, representantes y causas que se encuentran inconformes con el ejercicio de su gobierno. Se le están acumulando grupos disímbolos y diversos que están en desacuerdo con las decisiones que ha tomado, unos en franco rechazo al presidente como figura política, otros con diferencias focalizadas y algunos con un desacuerdo sumamente específico. Esto lo saca de la ventaja que tuvo durante sus campañas para la presidencia: poder descalificar al interlocutor antes que al argumento. Éste es el recurso típico que utilizan en los debates aquellos que tienen desventaja en la argumentación, pues si no puedes desarmar la validez lógica de tu contrincante, puedes atacar su validez moral, ética, intelectual o laboral. Es parecido a cuando en el futbol se derriba a un rival desde su propio campo cuando tiene una salida de avance prometedora. Es sucio, pero funciona. Así López Obrador, cuando le dicen que la economía no crece, dice que el Fondo Monetario Internacional privilegia a las oligarquías; si un periódico devela un acto de corrupción en su gobierno, dice que el medio es amigo de Salinas. Y así una larga colección de juicios sin pruebas para no tener que aclarar el asunto que se le planteó. Le vendría excelente poder descalificar como malquerientes a los que lo critican y dejar de contestar cuestionamientos para los que no tiene respuesta.

Sin embargo, y afortunadamente para las libertades ciudadanas, nadie está obligado a definirse en la simpleza dicotómica que plantea el presidente; pues es derecho de cada uno de los ciudadanos mexicanos pensar, expresar y comunicar lo que se guste por las vías legales disponibles. Así que si usted es un opositor al gobierno, no se preocupe, es su derecho compartir su opinión, y si lo acusan de corrupto por ello, pida que se lo prueben como el presidente le exigió evidencias al gobernador Alfaro de Jalisco cuando éste lo acuso de enviar agentes a desestabilizar a su estado. Si usted tiene desacuerdos en específico acerca de ciertos temas con el accionar del ejecutivo, está usted en su derecho de manifestarlo, así como sigue en su derecho de apoyarlo en las iniciativas que le parezcan pertinentes. Si usted apoya al presidente, pero no le gusta alguna decisión de su parte, puede seguirlo apoyando mientras manifiesta esa diferencia, ya que no pactó usted fidelidad total y obediencia absoluta al emitir su voto y manifestar su apoyo. Y si usted apoya incondicionalmente al presidente, acostúmbrese a vivir en los valores de la democracia, donde el derecho a disentir, organizarse y agruparse es fundamental para formar una sociedad donde todos los intereses sean equitativamente representados con el fin de lograr esquemas de convivencia en pleno uso de las libertades garantizadas por la ley. No se es ladrón y corrupto por disentir, por más que eso le facilite la vida al presidente.

Educación

Por Ángel Dorrego

Analista, consultor y asesor político. Especializado en temas de seguridad y protección civil. Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México, Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales también por la UNAM. Cuenta con experiencia como asesor de evaluación educativa en México y el extranjero, funcionario público de protección civil y consultor para iniciativas legislativas.

Twitter: @AngelDorrego

Correo para el público: adorregor@gmail.com

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