Definir un proyecto con base en otro/ Ángel Dorrego

Definir un proyecto con base en otro/ Ángel Dorrego

Ya hemos escuchado mucho que el actual gobierno federal tiene como bandera la cuarta transformación. Utilizan la visión de la historia de México donde la primera transformación se dio con el movimiento de Independencia, en la que se logró la emancipación de nuestra nación del reino de España. La segunda vino con la Reforma encabezada por el gobierno del presidente Benito Juárez, que consiguió la separación del gobierno mexicano y la iglesia católica. Y la tercera se dio con la Revolución Mexicana, que pudo terminar con el extendido gobierno de Porfirio Díaz y cambió las bases de organización política, económica y social del país. Cada una devino en una nueva constitución. La cuarta transformación busca el cambio de régimen a través de terminar con el llamado “periodo neoliberal” en México. Todas tuvieron un enemigo que derrotar y devinieron en un plan de acción una vez ganado el conflicto. Ésta última parte es la que nos falta.

No es para nada extraño que un proyecto político esté definido por la lucha contra un adversario, de hecho, es lo más común. Lo que importa es que dicho proyecto cuente con la capacidad de redefinirse y congregar sus valores más representativos una vez que el antagonista haya sido vencido. Por ejemplo, los Estados Unidos definieron su lugar en el mundo durante la Guerra Fría basados en su antagonismo con la Unión Soviética. Si Moscú representaba a la clase proletaria, Washington a los hombres libres. Si los soviéticos hablaban de acceso común a la riqueza, los estadounidenses de las oportunidades de acceder a ella en la prosperidad. Y así sucesivamente. Y esta lucha se extendió por los campos de la geoestrategia mundial, la diplomacia, la política regional y local, la lucha tecnológica, e incluso los deportes y las artes. El problema vino cuando la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas implosionó. Habían perdido a su enemigo común, y les costó varios años redefinir su rol como única superpotencia global, el cual ahora comparten con China. Mientras tanto, ni en las películas lograban encontrar un nuevo enemigo que enfrentara a sus poderosos e inverosímiles héroes.

En el caso de la cuarta transformación, el enemigo es el neoliberalismo, escuela de pensamiento económico basada en el capitalismo ortodoxo donde el gobierno aparece en su mínima expresión para dejar que las fuerzas del libre mercado regulen la economía a través de su mano invisible con el fin de que se alcancen niveles de prosperidad que eventualmente se verán en beneficios para toda la sociedad. Este planteamiento es incluso más viejo que el socialismo, no por nada Karl Marx hizo su trabajo más célebre en la crítica de David Ricardo y Adam Smith, y lo que se definía como economía clásica. Marx, grosso modo y en resumen muy superficial, encontró que el plusvalor obtenido en los procesos económicos se quedaba en las manos de los dueños de los medios de producción, con lo que no se permitía el acceso de los beneficios del libre mercado a la gente que sólo tenía su propia mano de obra para sustentarse.

Sin embargo, la cuarta transformación ha dicho al empresariado que nuestro sistema económico de libre mercado no se verá transgredido. Es más, se lucha por conservar un tratado de libre comercio con Canadá y Estados Unidos, el cual fue idea de los hoy denostados neoliberales. No existe la intención de cambiarlo, y tampoco han aparecido las iniciativas legislativas ni los programas de gobierno que traten de fomentar que los medios de producción sirvan a los intereses de las mayorías, como plantean en mayor o menor medida todas las corrientes de la izquierda. La cuarta transformación ni siquiera ha definido jamás a que corriente pertenece en realidad. Lo que sí ha aparecido son políticas de asistencialismo que tienen como intención paliar las desigualdades del sistema económico. Independientemente de cualquier opinión al respecto, es en la derecha donde se encuentra la mayor parte de casos donde se usan estos instrumentos. Es entonces donde se devela como incongruente que la cuarta transformación va a acabar con los años del neoliberalismo, pero conservando el libre mercado y los mecanismos de crecimiento económico que desarrollaron los economistas de esta corriente; con el probable, pero todavía difuso aumento de la participación del Estado en la economía. Parece que esta transformación no será como las otras tres.

Educación

Por Ángel Dorrego

Analista, consultor y asesor político. Especializado en temas de seguridad y protección civil. Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México, Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales también por la UNAM. Cuenta con experiencia como asesor de evaluación educativa en México y el extranjero, funcionario público de protección civil y consultor para iniciativas legislativas.
Correo para el público: adorregor@gmail.com

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