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El día que nos acordamos de la protección civil: Ángel Dorrego

El día que nos acordamos de la protección civil

Por Ángel Dorrego.- En México se encuentra oficializado que el 19 de septiembre sea el Día Nacional de Protección Civil. En esta fecha se hacen simulacros masivos, memoriales a las víctimas de eventos catastróficos y los políticos sueltan miles de loas a la importancia de proteger a las personas y su patrimonio, así como declararse comprometidos con la noble causa. Desgraciadamente, esas palabras difícilmente vuelven a aparecer a la hora de planear partidas presupuestales o destinar personal y recursos para labores específicas. Es el tema de seguridad que suele recibir menor atención por parte de cualquiera de los gobiernos de nuestro país. Aunque han existido muchos avances desde 1985, seguimos en un esquema ineficiente y permanentemente rebasado en este respecto, como lo demostraron los sismos de septiembre de 2017, en donde, mientras en la Ciudad de México había un protocolo de respuesta que fue opacado por las más de cien construcciones hechas después del 85 que se derribaron debido a una impresionante corrupción inmobiliaria, en el estado de Morelos el entonces gobernador todavía no tenía muy claro ni donde tenía que estar parado.

El problema radica en que, como muchas cosas en México, hemos vuelto a la protección civil un requisito más de las funciones de la administración pública en vez de una política pública dotada de programas de acción permanentes y aplicación de recursos en pro de la prevención. De entrada, existe un sesgo tremendo en cuanto a la fecha en la cual conmemoramos dichas acciones. El 19 de septiembre no es la fecha en que México despertó hacia la importancia de la prevención en caso de desastres. Fue la fecha en que el gobierno se vio acorralado a hacer algo al respecto. Los sismos de 1985, cuya cara más visible fue el centro de la Ciudad de México, no fueron, por mucho, los primeros eventos catastróficos que vivía nuestro país. En 1982 se dio la erupción del volcán Chichonal y en 1984 la explosión de una planta de Petróleos Mexicanos (Pemex) en San Juan Ixhuatepec, popularmente conocido como San Juanico. Si está usted identificado con el tema, seguro le vino a la memoria por lo menos un evento más. Lo que sucedió en 1985 es que el evento pasó en el lugar donde estaba el presidente, los senadores, los diputados y todas las secretarías de estado. Y aun así, quien se hizo cargo fue la gente que, ante la lentitud e incompetencia de las autoridades en tomar la voz de mando para dar respuestas, las cuales no tenían, se organizó espontáneamente para ayudar, incluso cuando las condiciones no eran las ideales para hacerlo. Los reclamos de la sociedad, en esta ocasión, estaban en las mismas calles que el aparato gubernamental recorría todos los días.

Un año después, el gobierno federal decidió crear la Coordinación Nacional de Protección Civil (CNPC), dependiente de la Secretaría de Gobernación hasta el sexenio anterior. Aunque este ente es equivalente de una subsecretaría en el organigrama, cuenta con la particularidad que sus fuerzas no son propias, sino que tiene que lidiar con otros actores de gobierno para realizar su trabajo, solicitando a otros que hagan las partes que en teoría les corresponden. De hecho, el diseño por el cual se vuelve una coordinación es porque se creó una figura llamada Sistema Nacional de Protección Civil (SNPC), que según la Ley General de Protección Civil incluye a los tres poderes del estado mexicano, a los tres órdenes de gobierno, a las empresas privadas, a la sociedad civil y a la población en general. O sea, a todo mundo. A pesar de todas las limitaciones y falencias que ha demostrado el Sistema a través de los años, me parece que todas se derivan de un asunto en común: jamás ha sido un sistema, sino un amasijo de instituciones con obligaciones que en la operación se perciben inconexas, además de variaciones notorias con respecto a las administraciones sexenales.

Un sistema se define por ser un conjunto de procesos entre componentes interconectados que regulan un funcionamiento específico. Para que sea posible que este conjunto sea un sistema, se requiere que las partes respondan de manera predecible a un estímulo específico, como cuando usted presiona un switch en la pared de su casa y una luz en particular del sistema eléctrico de su hogar se enciende. Nuestro sistema de protección civil depende, para casi todo su accionar en emergencias, de las respuestas y relaciones en que en ese momento se encuentren las autoridades de los niveles de gobierno. Como si usted prendiera el switch y se prendiera una luz diferente en cada ocasión. Eso no es que el sistema eléctrico de su casa sea malo, es que usted carece de uno, todo lo que tiene son conexiones eléctricas. Así, en México hemos visto todo tipo de configuraciones tanto de prevención como de respuesta a emergencias, en donde el coordinador de protección civil puede quedar por encima del secretario de defensa, o ambos quedar a las órdenes del secretario de turismo, porque al presidente fue lo que le pareció mejor en ese momento. A esto agréguele la coordinación con autoridades estatales y municipales. Entonces lo que tenemos es un amasijo amorfo de instituciones dedicadas a labores relacionadas con la protección civil, que van desde funcionarios gubernamentales de todos los niveles hasta asociaciones especializadas en actividades de auxilio a la población. Las simetrías y relaciones entre estos están regulados por la posición y manera de pensar de las personas que las operen en ese momento.

Aunado a esto, hay que agregar el abuso que se ha hecho en nuestro país del concepto de protección civil. Hay que aclarar que distintos países han desarrollado distintos modelos para evitar y atender casos de emergencia social, como el de preparación de emergencias, el de gestión integral de riesgos y el propio de protección civil. Nosotros tomamos este último modelo y le hemos incorporado cada vez más funciones, sin que esto se refleje en un esquema teórico sólido ni el aumento de recursos y personal especializado. Acá dividimos los fenómenos perturbadores en cinco tipos: geológicos, como lo son por ejemplo los sismos y actividad volcánica; hidrometeorológicos, de los cuales se puede destacar huracanes y tormentas tropicales; químico tecnológicos, que en otros lugares del mundo corresponden a la seguridad industrial tanto en respuesta de emergencias como en responsabilidad financiera, pero en México los metieron en protección civil; sanitario ecológicos, que suelen ser llevados por fuerzas castrenses en coordinación con el personal de salud, pero también entraron en protección civil en México; y socio organizativos, que requieren la coordinación de fuerzas de seguridad públicas y privadas y, adivinó usted bien, también se lo endilgaron a protección civil. Como cereza del pastel, si ve usted caer un meteorito, avísele a protección civil, también eso les toca por ley. O sea, hemos hecho un uso híper extendido del concepto de protección civil en donde participan todos para prevenir o atender todo tipo de incidente de seguridad que no sea policiaco. Todo esto para que al final la mayoría de las personas identifiquen al ejército y la marina como los respondientes de la emergencia, ya que, como cada que no sabemos qué hacer con un problema, se lo encargamos a nuestras fuerzas armadas porque son eficaces.

Todo este esquema termina en que se hable de protección civil, se ponga a mucha gente en funciones del área, para después derivar en incentivos perversos que los políticos normalmente toman, como cuando están más interesados en los fondos monetarios que se otorgan después de los desastres, para con ellos irse a tomar la foto repartiendo ayuda entre la población, cuando ellos son los primeros responsables de las tragedias que jamás trataron de prevenir. Así que si es usted un interesado o involucrado en los temas de protección civil, exíjale a sus representantes que inviertan en el tema, que se dé capacitación y entrenamiento a fuerzas públicas de prevención, atención y respuesta en todos los niveles; que se especifiquen responsabilidades y cargos a los distintos actores para que cada quien tenga sus funciones y no les toque todo a todos porque eso al final deriva en que nadie sea el responsable de nada. Créale sólo a los actores públicos que demuestren con hechos que les importa la protección civil tanto como cualquier otro tema de seguridad, poniendo presupuestos, posiciones estratégicas en sus cuerpos institucionales y una auténtica vocación de prevenir eventos catastróficos por caro y poco redituable electoralmente que les parezca. Mientras, que no le digan con que les importa la protección civil.

Educación

Por Ángel Dorrego

Analista, consultor y asesor político. Especializado en temas de seguridad y protección civil. Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México, Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales también por la UNAM. Cuenta con experiencia como asesor de evaluación educativa en México y el extranjero, funcionario público de protección civil y consultor para iniciativas legislativas.
Correo para el público: adorregor@gmail.com

Foto El Reportero