El SAT vigilará lo que pagues con tarjetas

¡A guardar el dinero en el colchón!…ya que el SAT vigilará lo que compras con tarjetas

Nuevas disposiciones de el SAT provocarán que las personas opten por el uso de efectivo y/o cancelen sus tarjetas

Expertos proyectaron que la medida que se aplicará a partir del 1 de enero de 2020, que hará que las compras que se realicen con tarjeta de débito o crédito generarán una factura en automático que le llegará al Servicio de Administración Tributaria (SAT), provocará que las personas opten por el uso de efectivo y/o cancelen sus plásticos.

Con esto, si la autoridad detecta que un contribuyente está gastando más de lo que reporta de ingresos, podría requerirlo por «discrepancia fiscal».

Al respecto, el SAT argumentó que las facturas instantáneas tienen la finalidad de evitar pedir un ticket para generar más tarde el comprobante fiscal, aunque especialistas señalan que en el trasfondo tendrá un fin recaudatorio.

Esto será posible ya que las tarjetas contarán con la información fiscal del contribuyente, con lo que se generará la factura de inmediato.

«Vamos a empezar a detener nuestras operaciones con plásticos, se va a empezar a mover otra vez el flujo de efectivo», dijo Hamlet González, especialista en temas fiscales.

«Va a haber muchísimas cancelaciones de tarjetas de crédito y débito».

Para lo anterior, el Registro Federal de Contribuyentes (RFC) se asociará con la tarjeta bancaria para integrar el proceso de pago con el de facturación, logrando que los contribuyentes obtengan una factura fácil sin que esto represente una carga administrativa y económica.

El contribuyente podrá tener la certeza de que se generó la factura, simplemente con leer el código QR que se imprimirá en el comprobante y no tendrá que dar ningún dato adicional para obtener su factura.

La titular del SAT señaló que con la factura instantánea se beneficia al consumidor y al negocio que vende o presta los servicios, pues ya no tiene que solicitar datos, lo que mejora la calidad de los servicios y da la certidumbre de que se está informando al fisco y una buena fiscalización favorece a todos.

El que tendrá la última palabra será, sin dudas, el bolsillo.