Exigir disculpas a quien no te las va a dar: Ángel Dorrego

Exigir disculpas a quien no te las va a dar: Ángel Dorrego

¿Vale la pena exigirle disculpas a quien no tiene la menor intención de ofrecerlas? Ríos de tinta, incluyendo estos, se han derramado a partir de que el presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, hizo público que envió una carta al rey de España y al papa pidiendo que se disculpen por las vejaciones sufridas por los pueblos originarios de México durante la conquista española. La respuesta fue sencilla y tal vez iracunda en el caso de España: un rotundo no. ¿Valía la pena hacer este acto? Depende a quién le preguntemos.

En el caso del presidente de México, hay que entender dos cosas de su actuar político: su esquema de manejo de la comunicación en lo que se refiere a la política interior y su visión del papel de México en el mundo. En el primer caso, López Obrador tiene un estupendo manejo de mensajes a través del discurso y de los símbolos que le permite mantenerse cercano a su público afín. Su comunicación no ha dejado de estar destinada a otorgarle a sus seguidores argumentos para defender sus planes de gobierno. Esto se debe a que su objetivo básico en lo que se refiere a la comunicación política se encuentra en dirigir la agenda noticiosa de los medios a partir de hablar con ellos a diario en lo mañana. Ha tenido mucho éxito, ya que los noticieros televisivos y escritos suelen estar altamente impregnados de los dichos del presidente. Además, esto le sirve de reafirmación ante la gente que lo apoya, ya que suele decir cosas que reivindican su discurso a favor de ellos. Visto desde este plano, esta declaración fue otro hit debido a que, por un lado, no hemos dejado de hablar del tema por encima de algunos apremiantes en la agenda nacional, además de que le ganó, una vez más, el aplauso de sus seguidores. Hasta ahí todo parecía bien.

Sin embargo, la respuesta de España, país con el que en las últimas décadas hemos llevado una buena relación, fue negativa en su gobierno e iracunda en sus políticos. López Obrador se quejó de que La Conquista se llevó a cabo con autoritarismo y abusos a los derechos humanos. El rey Felipe VI le reviró que no se podía medir los eventos históricos con conceptos contemporáneos, o sea, en esa época no existía el concepto de autoritarismo (pues el mundo occidental era predominantemente monárquico) ni el de derechos humanos. Una respuesta simplista debido a que se refiere a los conceptos del interlocutor y no a los asuntos de fondo. Pero eso es común en el rey de España. Y él también ganó con esto aplausos en casa. Por cierto, sí se puede analizar el pasado con conceptos modernos siempre y cuando sea para la correcta apreciación de los cambios en nuestra civilización, mas no para condenar el desempeño de los actores involucrados que no contaban con esa información. E incluso si no contáramos con esto, la corona española no le debe una disculpa a México, sino a todos los pueblos indígenas americanos que fueron desplazados y asesinados, pues no hay ideología que sostenga dichos actos. Pero esa España era otra España, ni Cataluña tenía todavía. Y con la de ahora ya nos llevábamos bien.

Ahí entra el segundo asunto con el actuar político de López Obrador. Él entiende a México como el centro de su universo, el cual sólo se compone de las relaciones que tiene con otras naciones en el mundo; y no como un engrane dentro de una maquinaria global en la cual hay que cobrar relevancia para influir en el funcionamiento de los demás. Y esto conllevó a un debate que se salió del ámbito de las relaciones internacionales y que incluyó desde intelectuales y otros personajes públicos, hasta una vasta participación de las redes sociales. Incluso el presidente López Obrador ya se declaró que se exageró el tema, o sea, que perdió todo el control que tenía sobre él.

Por su parte, la respuesta desde El Vaticano fue mucho más sencilla: nosotros ya nos disculpamos. Si regresamos a nuestra pregunta inicial, ¿en realidad sirvió de algo? También se disculparon de querer quemar vivo a Galileo por sostener que la Tierra gira alrededor del Sol y no al revés, aunque con algunos siglos de desfase, también fieles a su costumbre. Y todo ese tiempo la Tierra giró alrededor del Sol. O sea, el valor de una disculpa diplomática poco tiene que ver con la discusión acerca del pasado y mucho con un acto de reivindicación con miras a establecer un nuevo pacto para el futuro. Y cuando funcionan salen de la parte agraviante, no de la exigencia de la agraviada.

¿Valió la pena? Como en cualquier asunto, hay costos y beneficios. Los costos han sido una enturbiación de nuestra relación con España, algo de pérdida de prestigio internacional y un ligero cambio en la percepción que tiene el mundo de nosotros. Los beneficios han sido que el presidente de México reivindicó una causa nacionalista, lo cual es coherente con su particular lectura de la Historia de nuestro país y promocionó su imagen como defensor de las causas de los desprotegidos. Elija usted si lo valió.

Por: Ángel Dorrego

Analista, consultor y asesor político. Especializado en temas de seguridad y protección civil. Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México, Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales también por la UNAM. Cuenta con experiencia como asesor de evaluación educativa en México y el extranjero, funcionario público de protección civil y consultor para iniciativas legislativas.
Correo para el público: adorregor@gmail.com