Futbol mexicano: poner reglas para no cumplirlas/ Ángel Dorrego

Futbol mexicano: poner reglas para no cumplirlas/ Ángel Dorrego

Esta semana se formalizó la noticia de la desaparición de los Lobos BUAP, equipo que fungía como representante de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, de la Liga MX, ya que su lugar en el máximo circuito del futbol mexicano había sido comprado por los Bravos de Ciudad Juárez, equipo del Ascenso MX, liga que funge como segunda división en nuestro balompié. He perdido la cuenta del número de ocasiones en que he escuchado a los directivos de la Federación Mexicana de Futbol (Femexfut) decir que no se permitirá que un equipo compre su ascenso al máximo circuito a una franquicia existente, para después salir con un argumento falaz e inconsistente para justificarlo.
Este particular reacomodo comenzó cuando se les comenzó a exigir ciertos requisitos a los equipos del Ascenso MX para acceder a la Liga MX en caso de resultar ganadores de la competencia por la promoción, como el aforo y el equipamiento de sus estadios, entre otras medidas administrativas. Si no cumplían, se llevaban un premio económico para mejorar sus condiciones por si alguna vez lograban volver a llenar el mérito deportivo. El caso es que solo la cuarta parte de los clubes cumplían con los requisitos, por lo que debieron llamar a este torneo como Liga del Tal Vez Ascenso MX. El año pasado la final por el ascenso la jugaron los Alebrijes de Oaxaca y los Cafetaleros de Tapachula, ambos sin capacidad de moverse al máximo circuito, por lo que el ganador recibió el premio otorgado de cobrarle a los Lobos BUAP el no descender. Sí, en el futbol mexicano se puede pagar por no descender, no importa qué tan mal lo hayas hecho en la cancha. Esto porque la Liga MX quiere aumentar su número de participantes de 18 a 20, pero con buenos socios; lo cual es un contrasentido porque si quisieran mejores socios tendrían que reducir los participantes, y si quisieran más podrían seguir tolerando equipos parasitarios que viven de las donaciones de recursos públicos de gobiernos estatales y municipales.
Este año, por su parte, el ascenso fue ganado por un equipo que cumple con los requisitos, el Atlético San Luis. Y el equipo que le correspondía el descenso, los Tiburones Rojos de Veracruz, pagó por su permanencia después de haber tenido la peor temporada que haya tenido un equipo en la liga principal del futbol mexicano. Pero las reglas decían que podía pagar por quedarse, y pagó. ¿Y lo deportivo? Parece que su lugar está después del cálculo del rendimiento y la definición de la estrategia de marketing, y así se evita que interfiera con el negocio. Hasta aquí estamos hablando de la generación de normas que formalizan lo anti deportivo. Pero además, de repente deciden romperlas porque aparentemente la institución chihuahuense es mejor socio que los desaparecidos Lobos, que accedieron a vender su plaza. Hubiera sido más digno replantearse la liga autoritariamente, como ya se ha hecho en otras, para invitar sólo a los socios útiles, y así arrancar con reglas claras que definan quién asciende y quién desciende. Me parece mejor que vendernos que comerciar con plazas según capacidades económicas está bien, aunque en su propio reglamento estipula que se tendrían que ganar en el terreno de la competencia deportiva.
Sin embargo, lo que más llamó mi atención es que ninguno de los medios de información deportiva que dependen de forma directa de alguno de los dueños de clubes en la Liga MX hizo algún comentario crítico. Incluso escuché a un comentarista argüir que los cambios de sede de franquicias deportivas se daba comúnmente en el beisbol, futbol americano y básquetbol de los Estados Unidos. Nadamás se le olvidó que ni la MLB, ni la NFL, ni la NBA tienen un sistema de ascensos y descensos. Se mantienen los mismos franquiciatarios, que de repente deciden mover a su equipo de ciudad por motivos de rendimiento económico, siempre y cuando cumplan con un proceso previamente estipulado. Incluso los equipos suelen conservar su nombre aunque vivan en una locación nueva.
El parangón correcto en este caso sería Europa, que tiene las mejores ligas de futbol del orbe. Ahí llega a haber hasta tres descensos de su máximo circuito por año. Y torneos donde gana el que más puntos haga en la temporada, no el que llegue mejor a una serie de playoffs apodada liguilla, premiando la mediocridad o, lo que es peor, castigando la excelencia. Y jugadores que compiten fuertemente por ganarse un lugar entre los mejores, no gente que se tira al suelo por 5 minutos porque recibió una caricia del rival. Y partidos donde se gana pateando el balón, no tratando de engañar al árbitro. Por eso no me sorprende ver cada vez más niñas y niños que sienten más apego por el Barcelona o el Chelsea que por las Chivas o el Cruz Azul. Ésa es la verdadera competencia por el público que tiene el futbol mexicano. Los europeos lo hacen mejor porque primero hacen buenas competencias deportivas, que se convierten en un espectáculo atractivo, y no al revés. Y luego nos preguntamos por qué nunca llegamos al quinto partido en un mundial. Tal vez porque no nos han dejado comprar el lugar.

Educación

Por Ángel Dorrego

Analista, consultor y asesor político. Especializado en temas de seguridad y protección civil. Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México, Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales también por la UNAM. Cuenta con experiencia como asesor de evaluación educativa en México y el extranjero, funcionario público de protección civil y consultor para iniciativas legislativas.
Correo para el público: adorregor@gmail.com

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