La democracia a modo en Baja California/ Ángel Dorrego

La democracia a modo en Baja California/ Ángel Dorrego

El Congreso del Estado de Baja California ratificó esta semana una decisión ya de por sí polémica: aumentar el periodo de la próxima administración de Jaime Bonilla, del Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), de 2 a 5 años. Esto ha desatado todo un debate a nivel nacional acerca de la legalidad y legitimidad de dicha decisión, además de temas mucho más profundos y teóricos como la naturaleza de la democracia y el federalismo. Así de lejos hemos llegado. Sin embargo, mucho de este argüir se ha desviado hacia las filias y las fobias partidistas, como nos es tristemente común, llevando a los argumentos a traspasar los marcos teóricos con tal de defender una posición dada.

Empecemos con la parte legal. El Congreso del Estado no tiene ninguna facultad explícita para modificar periodos de gobierno por sí solo. Hay que recordar que las figuras gubernamentales sólo pueden hacer lo que tienen permitido por manifiesto escrito, sin ninguna atribución más. Principio legal moderno e inalienable. El hecho de que lo hagan una vez que se sabe el nombre y partido de quien va a gobernar, en lo oscurito y a escondidas en una sede alterna, solo da mayor pie a la suspicacia. Hay quien dice que en el congreso está la voz del pueblo bajacaliforniano. No es cierto. Ahí sólo está su representación, no la viva encarnación de la voluntad popular. Los bajacalifornianos votaron por un hombre para un encargo de 2 años. Que sean 5 modifica el contrato después de signado. No es extraño que los congresos locales se adjudiquen o le adjudiquen al poder ejecutivo facultades que superan los límites que les otorga la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Lo que suele suceder es que exista una queja por ello ante la Suprema Corte de Justicia quien termina por derogar las facultades extraconstitucionales. Esperemos que nuestro sistema de justicia sea lo suficientemente robusto para que éste sea el caso.

Ahora vamos a la engorrosa cuestión política. Quizá la justificación más básica que he escuchado es que la democracia, por etimología, es el gobierno del pueblo. Y que por eso se tiene que ejercer la voluntad del pueblo. Si usáramos la etimología de cada palabra para tratar de definir contenido actual, los parásitos serían nuestros mejores amigos. Actualmente le decimos democracia al sistema de gobierno representativo que permite la transición pacífica del ejercicio de gobierno entre distintas facciones que lo ejercen por un tiempo determinado, representando los intereses de las mayorías sin aplastar a las minorías. Se parece muy poco al sistema de la antigua Grecia, en el cual los hombres libres (que, por cierto, eran una minoría entre mujeres y esclavos) decidían de forma igualitaria el destino de la politeia. Sócrates criticaba esta forma de gobierno porque inevitablemente devendría en la dictadura de la mayoría, una pésima administración debido a igualar artificialmente las capacidades de quienes son desiguales y el conflicto permanente con quienes son excluidos o perjudicados por la voz de la mayoría hecha masa. Y las masas sólo conocen el instinto para actuar. Aristóteles no fue más amable, ya que veía a esta democracia original como un gobierno corrupto en el cual, al igualar a todos en todo, iban a prevalecer las pasiones sobre la razón. Parece que la política es de las pocas actividades intrínsecas a nuestra especie en que hay cosas que nunca cambian.

Por otro lado, en el devenir de la civilización occidental, la época moderna se caracteriza principalmente por la deposición de las monarquías para pasar a sistemas de gobiernos con división de poderes en los cuales el ejercicio de los cargos públicos se hiciera por elección popular y periodos determinados de gobierno, con el fin de que la representación de la sociedad no recayera en un tirano omnipotente que absorba los demás poderes. Por eso el sistema se basa en el respeto de las reglas previamente acordadas con el fin de que la movilidad en el ejercicio del poder evite el abuso del mismo. A esto le llamaron democracia, basándose en la idea griega, pero no en su diseño en general. Para una explicación amplia e ilustrada al respecto de la evolución de las democracias liberales, recomiendo la lectura de ¿Qué es la democracia? de Giovanni Sartori. Si es usted iniciado en las ciencias sociales, seguramente está pensando en algún autor cuya caracterización de este régimen político le agrade más. Completamente válido. Los resultados básicos no variarán gran cosa. Incluso Robert Dahl, en 1971, definió nuestro sistema actual como poliarquía, mucho más preciso para nuestras circunstancias, pero impráctico después de un par de siglos de crear instituciones.

Es por todas estas cosas que cambiar las reglas a modo para beneficiar a una persona o grupo no tiene nada que ver con los regímenes políticos democráticos, incluso cuando se escudan en la voluntad del pueblo. Como hemos observado un importante número de ocasiones, ese comportamiento corresponde a regímenes autocráticos, los cuales se dicen representantes directos de la voluntad popular por el sólo hecho de encontrarse del lado de la mayoría, para romper las reglas institucionales que se les encargó proteger con el fin de extender su presencia en las posiciones de poder, lo que innegablemente conlleva a anular la disidencia, pieza fundamental para lograr la representación democrática. Pero aun así se dicen democracias. Porque se los dicen sus intelectuales orgánicos. Porque lo dice su propaganda. Porque, según ellos, lo dice su difusa idea del pueblo. Pero no lo dice en las leyes. Por eso dichas democracias terminan no siéndolo nunca en retrospectiva. En realidad terminan, etimológicamente hablando, dirigiéndose a las perchas perpendiculares del mástil de un barco. Literal.

Educación

Por Ángel Dorrego

Analista, consultor y asesor político. Especializado en temas de seguridad y protección civil. Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México, Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales también por la UNAM. Cuenta con experiencia como asesor de evaluación educativa en México y el extranjero, funcionario público de protección civil y consultor para iniciativas legislativas.
Correo para el público: adorregor@gmail.com

Foto agencias López Dóriga Nación 321