Manipulación de bajo nivel

 

El presidente pide que se crea en su palabra sobre las evidencias basándose en la fe ciega hacia su persona, en el nivel más bajo de manipulación, por: Ángel Dorrego

Nuestro país se encuentra metido de lleno en la polarización de fuerzas políticas, con la división en dos bandos mencionados a diario por el presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, quien parece cómodo ubicando personas e instituciones en su propio grupo, el de los aliados de la 4T (o sea, los buenos); o en el de sus adversarios, a quienes denomina sin discriminar como conservadores. Y hasta ahora ha tenido éxito en influir en la agenda pública al dictarla todos los días hábiles desde sus conferencias matutinas. Pero este recurso ha ido bajando su impacto conforme ha avanzado el sexenio y el desgaste de la administración se acumula. La incógnita es si este modelo puede seguir siendo útil al gobierno federal hasta el final del sexenio. nivel

El asunto de mayor trascendencia en esta polarización de la vida política de nuestro país es que cada bando tiene una agenda diferente en cuanto a los problemas principales e inmediatos que nos aquejan. Mientras que la agenda de los opositores al gobierno federal se centra en los niveles de inseguridad, el declive económico y la atención de la actual pandemia; podemos ver como el poder ejecutivo está centrado en la consolidación de lo que ellos llaman cuarta transformación, destacando sus obras estratégicas (Santa Lucía, Dos Bocas y el Tren Maya) y su intención de erigirse como partido hegemónico, según palabras de John Ackerman, para evitar ser víctimas de un golpe de estado, de acuerdo con Epigmenio Ibarra y Hugo López-Gatell.

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El presidente, entonces, busca llevar el debate público a sus temas de interés desde su propia perspectiva. Eso se llama manipular. Y no lo digo en sentido negativo, manipular es una de las muchas herramientas de la sucia política. Todos los actores políticos tratan de manipular eventos e ideas a favor de sus intereses, ya sea que lo hagan de forma consciente o inconsciente. El injustamente denostado Maquiavelo lo puso en su manual de operación, ya que esos juegos permiten perfilar grupos sociales en agrado o desagrado por una persona, colectivo, evento o idea. Puede que casi nunca sea un juego limpio, pero suele ser mejor que la guerra civil. Pero como en toda actividad humana, existe un rango de habilidad que abarca desde personas que llevan sus obras a lo sublime mientras otros demuestran inhabilidad sumada a la ceguera para notarla, lo que hace dudar de su plena pertenencia a nuestra especie. nivel

Y no es que López Obrador sea un mal manipulador, incluso se le pudiera considerar como el político mexicano de este siglo más exitoso en ese rubro, pues con su carisma personal y discurso cercano a los desfavorecidos ha logrado aglutinar mayorías a partir de una visión simplificada de la historia donde la reivindicación nacional lleva bordado su nombre. Lo que pasa es que el recurso se está agotando, pues las estrategias de partido de oposición se extinguen en el ejercicio de gobierno, pues si como adversarios al gobierno en turno se quejaban ruidosamente de la corrupción, resulta incongruente que como gobierno se nieguen a reconocer las pruebas de actos ilícitos de parte de sus integrantes; y cuando se trata de juzgar a los que por sexenios denunciaron, se concentren en preguntarle al pueblo si quiere que cumplan con las obligaciones legales de su empleo.

Parafraseando la definición de Josep Colomer acerca de la manipulación política, dice que ésta es el arte de encausar los escenarios de tal modo que los actores encuentren su opción más viable en aquella que conviene al manipulador. Hacer esto de forma sublime implica que los manipulados dirigen sus actos hacia el lugar más beneficioso para el manipulador sin notarlo o poder evitarlo. La forma burda de hacerlo es basarse únicamente en el discurso para convencer de hechos que se alejan de una realidad desfavorecedora. Con hechos que golpean los sueños de una administración históricamente ambiciosa, como la del presidente, éste pide que se crea en su palabra por sobre los demás basándose únicamente en su credibilidad y prestigio de honestidad, cuya familia y colaboradores parecen empecinados en mancillar. Esto lo lleva a cada mañana hacer discursos que piden cada vez más fe ciega en su persona. Ni siquiera estoy en contra de la manipulación, sino que sea de tan bajo nivel. nivel

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de AMLO

Manipulación de bajo nivel. Por Ángel Dorrego

Analista, consultor y asesor político. Especializado en temas de seguridad y protección civil. Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México, Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales también por la UNAM. Cuenta con experiencia como asesor de evaluación educativa en México y el extranjero, funcionario público de protección civil y consultor para iniciativas legislativas.

Twitter:@AngelDorrego

Correo para el público:adorregor@gmail.com