La necesidad de medios confiables/ Ángel Dorrego

La necesidad de medios confiables / Ángel Dorrego

Los días anteriores vimos cómo Juan Guaidó, proclamado presidente de Venezuela por el legislativo de ese país y reconocido por poderosas naciones, incluyendo a los Estados Unidos, llamaba a una operación para terminar con el régimen encabezado por Nicolás Maduro, actual detentante del poder ejecutivo de la nación sudamericana. La información en el momento en que comenzó el levantamiento se difuminó como pólvora en medios internacionales, para que después empezara a caer a cuentagotas debido al bloqueo de medios por parte del gobierno chavista. Al momento sólo tenemos información fragmentada por parte de algunas de las partes vía redes. No radio, no televisión, no información por parte de revistas o periódicos digitales o impresos. Información que corre el riesgo de ser parcial en el mejor de los casos y propagandística en el peor. En resumen, poco confiable.

No se soslaya el hecho de que internet ha democratizado de forma exponencial el acceso de los ciudadanos del mundo a la información. Hoy más que nunca se pueden ver documentos, datos, monografías y estadísticas que le ahorran a cualquier investigador horas cazando y revisando en distintas bibliotecas, o buscando dónde comprar dichas piezas para su trabajo. Desgraciadamente, esto también ha traído consigo que un amplio grupo de personas con nula formación científica expongan una serie de ideas que, con un poquito de lógica, se venden como descubrimientos increíbles, y esto va desde crema para las arrugas hasta el planteamiento de regímenes políticos, pasando por mecanismos para predecir sismos o supuestas curas contra el cáncer. De ahí sacan sus conocimientos individuos que inician sus argumentos con “yo investigué en internet…” para después soltar una bocanada de datos cuestionables. Cuando esto se extendió a las redes sociales, donde todos son críticos de todo, la fiabilidad de la información se volvió aún más dudosa, porque parece que nadie es capaz de dar una pieza de información sin desarrollar pingües hipótesis o sendas sentencias condenatorias. Actúan más como detective, abogado, analista y juez que como alguien que provee de información al mundo.

Tampoco se puede negar que las empresas de contenido informativo, grandes y chicas, televisivas, radiofónicas o escritas, han ocultado o manipulado muchas veces la información que otorgan a su público. Tantas veces en tantos lugares que ya nadie lleva la cuenta. Algunas veces ocultando datos y hechos, mientras ha habido quien abiertamente le ha mentido a sus noticiados. Por eso la profunda desconfianza que se les tiene actualmente y la búsqueda de refugio en los que en este momento son medios alternativos. Sin embargo, los medios tradicionales tienen una sola ventaja sobre ellos: hay personas que firman con su nombre o el de la empresa los trabajos de investigación. El prestigio de alguien o algo que tiene como negocio o medio de sustento la provisión de información se pone en juego. Si un reportero da una nota falsa y su periódico lo descubre, seguramente lo separarán de su empleo. Si un medio es descubierto dando una nota manipulada, a la postre bajarán su audiencia y sus ventas. En este momento, nadie persigue a alguien por haber dicho en un grupo de usuarios de mensajes por celular que una carretera estaba bloqueada cuando no era así. O metido a la cárcel al dueño de un videoblog por difundir opiniones descalificatorias hechas de suposiciones con el fin de difamar. Y hay quien lo hace diario. No tiene consecuencias como los medios con firma.

No se trata de que un medio supere al otro. Sencillamente sirven para fines distintos aunque tengan una gran intersección en su universo. Los medios por internet no van a desaparecer a los hoy llamados medios tradicionales, así como el cine no mató al teatro ni la televisión a la radio. Sólo los acotó a espacios y públicos más específicos. Esta adaptación aún no se ha asentado en nuestras sociedades. Necesitamos que las empresas de comunicación tradicional nos den información creíble, confiable y verificable, y que si tienen una filia o fobia la expresen abiertamente, no como si fuera parte de la información. Y de paso gobiernos que los dejen informar. Ya de eso opinaremos todos en redes sociales, más con ideas que con simples insultos. A eso deberíamos aspirar, pero estamos en la época de la posverdad.

Educación

Por Ángel Dorrego

Analista, consultor y asesor político. Especializado en temas de seguridad y protección civil. Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México, Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales también por la UNAM. Cuenta con experiencia como asesor de evaluación educativa en México y el extranjero, funcionario público de protección civil y consultor para iniciativas legislativas.
Correo para el público: adorregor@gmail.com