Una cosa es austeridad y otra cosa recortes/ Ángel Dorrego

Una cosa es austeridad y otra cosa recortes/ Ángel Dorrego

La semana pasada, el ahora ex director del Instituto Mexicano del Seguro Social, Germán Martínez, presentó su renuncia argumentando, entre otras cosas, que no se proveía a la institución a su cargo de los recursos suficientes para lograr una operación eficiente y, por ende, no había manera de mejorar. El presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, dijo que no pensaba responder, para unos minutos después declarar que no le parecía válido renunciar a las primeras dificultades en el ejercicio de un encargo. Como ya se nos está haciendo costumbre, el debate en medios y redes se polarizó en posiciones irreductibles. Llamó particularmente mi atención una ola que defendía que la falta de recursos era por un ejercicio de austeridad republicana. Tanto la austeridad como los recortes de presupuesto son herramientas válidas en la administración pública, pero hay que entender que son cosas muy distintas.

La austeridad, grosso modo, se refiere a la política de una administración de no gastar recursos más que en lo indispensable y fundamental para desarrollar el encargo, y rechaza por principio que los funcionarios tengan acceso a cualquier clase de lujo o trato preferencial. En México hemos padecido de este exceso en el gasto público desde que somos país. Basta recordar como en el pasado último siglo hemos tenido dispendios de funcionarios públicos que, en un uso patrimonial del poder, ocupaban los recursos a su alrededor como propios y se rodeaban de cualquier lujo imaginable, como el caso de presidentes que utilizaban a la fuerza aérea como su servicio de taxi, diputados que se compraban plumas de la más prestigiada marca francesa junto con pines de oro para completar el conjunto, además de un sinfín de empleados públicos que se pagaban viajes de magnate con estancias en los mejores alojamientos mientras consumían lo más exquisito que sus gustos culinarios y de cata. Todo con cargo al erario público, faltaba más. La austeridad no quiere decir que en vez de una pluma de oro les vamos a dar el bolígrafo más económico del mercado. Quiere decir que se les proporcionará una que será la más adecuada para realizar sus funciones con criterio en su calidad, durabilidad, eficiencia y efectividad. Sin ningún lujo extra.

Por su parte, los recortes presupuestales se dan cuando se decide que una institución está operando con más recursos de los que necesita en realidad o que, por algún motivo, un gobierno carece de la liquidez para continuar con los presupuestos que se habían ejercido con anterioridad, por lo que se ve imposibilitado de seguir prestando cierto servicio como lo había hecho hasta ese momento. Por lo tanto, es necesario prescindir de empleados y recortar gastos no sustantivos, lo que deviene en que los servicios que se venían prestando se tienen que reducir en número o en profundidad de la intervención. Por ejemplo, si se venía otorgando el servicio de atención psicológica a víctimas de violencia intrafamiliar y se les recorta el presupuesto, se verán en la necesidad de despedir terapeutas y probablemente prescindir de espacios de atención, por lo que se atenderá un número menor de usuarios o se tendría que reducir el número de citas por paciente. Este último tipo de caso no tiene nada que ver con la austeridad. Es simplemente un recorte de presupuesto debido a que no se está recaudando lo suficiente para cubrirlo o que se decidió ocupar los recursos para otra cosa.

Evidentemente hay servicios en que no nos gustaría que nos atendieran con austeridad. Si nos van a operar, nos encantaría que fuera en un quirófano perfectamente equipado con la más alta tecnología disponible, y no en un cuarto esterilizado con el equipamiento apenas básico. Nos gustaría que nos protegieran policías bien pagados, con vehículos y armas de vanguardia para facilitar su trabajo; en vez de gente pobremente preparada que muchas veces termina pagando sus propios insumos y carece siquiera de los seguros necesarios para cubrir los riesgos que conlleva su trabajo. De los bomberos ni hablar, la austeridad sería una mejora de condiciones, ya que en algunos lugares del país rayan en lo miserable.

Por eso, aplausos a la austeridad que no permite que cualquier funcionario de nivel medio alto ande por la vida acompañado de un séquito imperial gastando lo de todos como si fuera suyo, y bienvenidos los recortes a las instituciones y funcionarios que no han entregado ni están en posibilidad de entregar los resultados que prometieron en sendos discursos. Pero, por el otro lado, que no se hable de austeridad para justificar que se dejen de otorgar servicios básicos a la población por falta de recursos debido a la impericia fiscal o la reducción de la actividad económica, mientras en otras páginas del presupuesto se está apoyando un juego de pelota.

Educación

Por Ángel Dorrego

Analista, consultor y asesor político. Especializado en temas de seguridad y protección civil. Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México, Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales también por la UNAM. Cuenta con experiencia como asesor de evaluación educativa en México y el extranjero, funcionario público de protección civil y consultor para iniciativas legislativas.
Correo para el público: adorregor@gmail.com