Que no le vendan cualquier cosa como ciencia

Que no le vendan cualquier cosa como ciencia/ Ángel Dorrego

Por Ángel Dorrego. Se ha vulgarizado el uso de la palabra ciencia. Cualquier persona o institución que quiera justificar su argumentación le dirá, sin duda, que tiene base científica. En muy raras ocasiones esto es cierto. Supongamos que, tal vez, no están actuando con dolo. Que ellos creen que lo que están pregonando de hecho ha sido estudiado y es una verdad irrevocable porque aparece en un libro, además de que suena medianamente lógico. O peor, hay gente que, cuando se le cuestiona el origen de su información, contesta “lo investigué en internet”. Que no están conscientes de que no existen zapatos que ayuden a bajar de peso con solo caminar, fajas que reduzcan permanentemente la cintura, curas para el cáncer a través de piedras y energías, o determinaciones del ciclo de la vida que parten del dogma. Entonces lo que nos hace falta saber es cómo se construye la ciencia con el fin de tener un mejor entendimiento de lo que es comprobable o no, y caigamos menos fácilmente en manipulaciones para que consumamos un producto determinado o nos unamos a alguna comunidad ideológica.

Para empezar, el conocimiento científico es elaborado por, pareciera obvio, científicos especializados en el área a tratar, y por nadie más. Estos son personas que tuvieron primero una formación que los llevó a concluir una carrera universitaria, aunque esto no es suficiente. Después es necesario tomar especializaciones o posgrados para alcanzar un grado de dominio de temas específicos dentro de alguno de los campos de la investigación de la ciencia en cuestión. Es entonces que esta gente puede trabajar en institutos de investigación científica, que la mayor parte de las veces pertenecen a una universidad. Esto se debe a que las universidades son, de forma natural, el lugar donde se acumula, difunde y genera el conocimiento. Y se juegan parte de su prestigio al publicar en sus instrumentos de divulgación los resultados de determinado estudio. Aunque también hay empresas y asociaciones civiles que tienen serios centros de investigación debido a que se atañen a las mismas reglas.

Sin embargo, esto no es suficiente para que creamos a ciegas lo que nos dicen. Los científicos tienen la obligación de desarrollar su trabajo basándose en una serie de metodologías que nos permitan verificar la veracidad de sus resultados. Es necesario que desarrollen una hipótesis coherente a partir de la observación y del conocimiento de los trabajos los científicos antecesores al suyo que han demostrado cómo funciona determinada cosa. Y están en obligación de citar dichos trabajos para que sepamos el sustento de lo que ellos afirman. Después, deben desarrollar un protocolo de investigación que permita comprobar más allá de la casualidad o de factores exógenos la correlación entre un fenómeno y su origen, que normalmente incluye cosas como un grupo de control, por ejemplo. Si los resultados no son concluyentes, deberán repetir desde la hipótesis. Si los resultados comprueban la hipótesis, entonces se dará a conocer dentro de una publicación científica especializada, mostrando las evidencias por las que se logró llegar a dicha conclusión, y que así la demás comunidad científica pueda juzgar si el procedimiento fue el correcto, e incluso repetir la experimentación para verificar si los resultados son coherentes en cada ocasión. Recorrido todo este difícil camino, visto grosso modo, podemos considerar que algo está probado científicamente.

Teniendo esto en cuenta, corresponde a cada quien determinar la validez de alguna afirmación a través de las evidencias que tengan al respecto. Decidir si se es la persona que dice que beber cerveza es más sano que ingerir agua porque lo leyó en una página de notas de entretenimiento que habla de un estudio realizado por la Asociación Húngara de Productores de Cerveza o que cree que investigó porque puso unas palabras en un motor de búsqueda de internet y en los primeros resultados encontró el blog de alguien que sostiene que el jugo de papaya con limón cura la colitis. O, al contrario, ser la persona que diga que leyó en su periódico digital que científicos de la Universidad de Viena descubrieron que los aficionados a la música clásica, el jazz y el rock n’ roll tienden a ser más reflexivos debido a la variación instrumental de estos géneros. O que, yendo más lejos, auténticamente buscó entre varios resultados para encontrar un estudio de la Universidad de Edimbugo que comprueba que el cigarro electrónico es tan nocivo para los pulmones como los cigarrillos convencionales. Le recomiendo quedarse con la ciencia y dejar de citar como tal lo que hacen personas que ni siquiera son científicos. Pero cada quién.

Educación

Por Ángel Dorrego

Analista, consultor y asesor político. Especializado en temas de seguridad y protección civil. Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México, Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales también por la UNAM. Cuenta con experiencia como asesor de evaluación educativa en México y el extranjero, funcionario público de protección civil y consultor para iniciativas legislativas.
Correo para el público: adorregor@gmail.com